Enero 4th, 2016

Farándula. Marta Sanz

El mundo del teatro

Leo “Farándula”, de la escritora Marta Sanz (Anagrama. Premio Herralde de Novela), y su lectura me deja desconcertado. Creo que son innegables las virtudes literarias que encierra, la perspicacia para describir personajes y situaciones, pero no sé exactamente a qué atenerme. O dicho claramente: no sé qué me han querido contar en ella. Porque no es una novela costumbrista, evidentemente, ni sicológica o sociológica (escribo rápido intentando abreviar) ni deja de serlo. Hay, eso sí, una visión externa del mundo del teatro, de los actores y su vida, de su actitud ante los problemas sociales, que tiene un cierto interés pero que no sabemos, al menos yo no sé, a dónde conduce. Me huele un poco a experimento, a cariño hacia el medio teatral, impregnado de un cierto paternalismo: “pobre gente ésta de la farándula, con sus egos, sus características diferenciales, virtudes y defectos…” En algunos momentos los valores y el interés del texto crece, y en otros decrece peligrosamente, arrojando finalmente un resultado que no es ni bueno ni malo, sino todo lo contrario.

Enero 2nd, 2016

Ensayo sobre el lugar silencioso. Peter Handke

El significado de los lugares

Un sitio, un lugar oculto, un refugio contra los demás, un paréntesis, una pausa para tomar aliento. Eso es un lugar silencioso. Allí la dimensión del tiempo es otra, la sensación de peligro se diluye. Desde allí podemos regresar al pasado o imaginar el futuro. Es un presente más detenido que el presente fuera de él. Las paredes pueden ser más o menos gruesas, pero eso no es más que una anécdota. Lo esencial es que no nos ven, ni vemos. El lugar silencioso por excelencia es el váter, que nos aísla y nos preserva, nos concentra y nos acaricia. Lugar de la quietud y del reencuentro con lo que somos y con lo que fuimos. Peter Handke nos muestra en su “Ensayo sobre el lugar silencioso” (Alianza Literaria) el significado y la utilidad de las cosas desde una perspectiva diferente, rabiosamente subjetiva y, a la vez, ejemplar. Una vez más consigue un texto genial que, en sí mismo, podría ser considerado también como un “lugar silencioso” para el lector que en él se concentra y que en él se aisla.

Diciembre 26th, 2015

Amsterdam, Ian MCewan

La sombra de Molly

La vida de una persona no termina definitivamente de morir. Lo que hizo, lo que dijo, lo que pensó, algo de su aroma queda en algún sitio, frecuentemente en la memoria de algunos, de quienes la quisieron o la detestaron.

Molly Lane, una mujer hermosa, seductora e inteligente, ha muerto recientemente y las personas con las que se relacionó en un momento de su vida siguen adelante sin ella. Sus vidas se entrecruzan desde el odio o el afecto, desde la amistad o el desprecio. Pero ella sigue ahí, como viéndolos desde algún lugar del universo jugar a policías y ladrones. Entre ellos se establece un juego de tronos, en el que la mayoría termina mal, siguiendo los pasos de la mujer admirada.

Novela intensa, realista, magníficamente trazada y resuelta, que apunta temas de rabiosa actualidad como el derecho a la eutanasia, el derecho a la privacidad, y otros más imperecederos, como el fracaso, la autoestima. Sus últimas páginas se desarrollan en Amsterdam, ciudad que invita al suicidio asistido, a la serena aceptación de que la vida, a veces, no merece ser vivida.

De proporciones cortas, Amsterdam (Anagrama) es una novela, sin embargo, perspicaz e inteligente a la hora de describir a los personajes que intervienen en esta tragedia que acaba mal, incluyendo de manera especial a la muerta, con ribetes shakesperianos, en la sociedad inglesa actual. Creo que Ian Mcewan es el escritor que mejor describe ese lado de la realidad, mientras que Nick Hornby nos muestra el lado cómico de la misma. Dos caras de una misma moneda, tal vez, diferentes y, al mismo tiempo, complementarias. Quien quiera entender el carácter diferencial de ese país brumoso, debería leerlos a los dos. Juntos o por separado.

Diciembre 18th, 2015

La ley del menor. Ian Mcewan

La administración de justicia

Primer libro que leo de este escritor inglés y del que vaticino que me va a proporcionar como lector largas horas de placer. Porque “La ley del menor” (Anagrama) es sencillamente una novela genial.

La administración de justicia. El día a día de una jueza infeliz en su matrimonio, gastado ya por la rutina y el aburrimiento, ajada ella por la vida y con la autoestima por los suelos. En ese contexto la novela discurre a caballo entre su pequeña tragedia personal y las decenas de conflictos jurídicos que debe resolver.

Pero la vida tiene esas cosas… Uno de esos conflictos le devuelve al mundo de la ilusión por vivir, le reconforta hasta tal punto que su percepción de las cosas que era negra como el tizón se esclarece de pronto. El caso acaba mal, a pesar de que su decisión –obligar a realizar la transfusión a un menor de edad, testigo de Jehová- inicialmente, no solo salva la vida del chico, sino que parece sacarle fantasmas y creencias absurdas de su privilegiada cabeza. Pero la relación que de un modo casual entabla con el muchacho, corta, esporádica, reducida a dos conversaciones, alguna carta, y un beso inesperado, sirven para que las almas se desperecen. Y en concreto, que la suya se transforme.

Y mientras, la vida sigue: peleas, divorcios, custodias disputadas, malos tratos, drogadicción, alcoholismo… Un panorama desolador. Un jardín oscuro en el que una blanca flor, cuyos pétalos se marchitaron muy pronto, sirven para aromatizar la podredumbre, para poner una guinda sabrosa en la superficie de una tarta podrida. Y todo eso contado con talento literario, con agilidad, con profundidad y perspicacia, intuyendo a un lector inteligente que va a entender lo que en el libro se nos cuenta también de un modo inteligente.

Diciembre 18th, 2015

Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad. Lucio Anneo Séneca

Vivir bien y ser felices

Acantilado nos tiene acostumbrados a libros que son joyitas. Este es uno de ellos. Tres textos del filósofo cordobés Séneca, que nos resumen parte de su pensamiento. Como suele decirse con frecuencia, a veces de manera abusiva, ese pensamiento está en plena vigencia.

Séneca viene a decir que la vida no es breve, que dura lo que tiene que durar. Lo que ocurre es que la mayoría de las personas malgastan ese tiempo, y algunos se dan cuenta cuando no hay remedio. Para él existen unas prioridades y hay que dedicarse a ellas, no a las cosas secundarias. ¿Estamos de acuerdo, no? Pues si me pongo a mirar a mi alrededor no hago más que encontrar despistados que malgastan energías, tiempo y dinero en lo que a mí al menos me parecen estupideces. Pero, claro, yo no soy el árbitro de este partido. Aún así, una reflexión en este sentido no nos vendría mal a muchos, entre los cuales me incluyo.

En el segundo, “Sobre la vida feliz”, Séneca descubre su lado elitista, como llamaríamos ahora, a los que no se dejan llevar por los gustos de la mayoría “porque lo más importante es no seguir el rebaño precedente, porque no iríamos por donde hay que ir, sino por donde van los demás”, (puesto que) “el vulgo es un pésimo intérprete de la verdad”. ¿Cuál es esa verdad? La virtud en detrimento del placer. O mejor dicho, antecediendo al placer.

Aquí Séneca se defiende de quienes en su tiempo le atacaban por poseer los bienes y la fortuna que tan mal le parece aparentemente que otros tengan. Disputas de su tiempo, trapitos sucios, pero con significados actuales. Recuerdo esa crítica infantil que la derecha hace siempre de la izquierda: “¿Pero no eras comunista, majo? Pues entonces no debería gustarte el caviar” Esto no lo dice Séneca, evidentemente, lo digo yo, o, mejor dicho, me lo dijeron muchas veces. Lo que pasa es que yo me ponía colorado y nunca tuve a mano una respuesta tan inteligente como ésta: “Para mí, las riquezas ocupan algún lugar; para ti, el lugar supremo. En última instancia, las riquezas son mías y tú eres de las riquezas”.

Y en el tercero, “Sobre el ocio” en el que nos propone una especie de equilibrio entre la generosidad y el amor propio, la dedicación a los demás sin descuidarse de uno mismo. Un compendio corto, pero claro y rotundo, sobre cómo vivir entre la acción, el ocio, la contemplación y ser felices en el intento.

En tiempos como éstos, libros como éste.

Diciembre 12th, 2015

Y tú no regresaste. Merceline Loridan-Ivans

Perder

Perder vida, personas, afectos. Pero nunca perder la memoria del horror para que no vuelva a producirse.

Este es un libro breve, hermoso, escrito desde la serenidad, desde la nostalgia, desde la rabia contenida. Padre e hija fueron confinados en campos de concentración, en campos de exterminio. Ella regresó y ha escrito este libro y otros muchos. El no.

Hay que recordar que muchos no regresaron, que el holocausto existió, y que existió hace muy poco tiempo, que todavía quedan suficientes supervivientes para contarnos el horror, que siempre coincide en los detalles (los libros de Jorge Semprún, de Primo Levi…), pero que nunca debería de convertirse en parte del paisaje de nuestra vida confortable. Como decía otro escritor, Pedro Bosqued (que, por cierto, me recomendó la lectura de este libro), esto no es una página más de la historia de la humanidad.

Diciembre 12th, 2015

El camino de los difuntos. François Sureau

Remordimiento

En la vida hay que tomar decisiones. Una decisión tomada desde el equilibrio, la razón y el sentido profundo de la justicia, puede representar una equivocación de efectos terribles. Si no fuera así, vivir sería un paseo primaveral, y, por suerte o por desgracia, “vivir es elegir”.

Una decisión jurídica, irreprochable desde esa perspectiva, es la que desencadena la muerte anunciada de un ex etarra arrepentido. Sereno, reconoce su culpa, y pide que Francia lo acoja como exiliado político. Es perfectamente consciente que si regresa a España, no será la policía quien lo detenga, sino el GAL el que lo ejecute. Y así lo dice. Y así ocurre.

Al que tomó la decisión de no concederle asilo político, le queda para siempre la duda de la bondad de su acción. Y termina diciendo: “esta (muerte) perduraría con una cualidad majestuosa, aterradora y solemne”.

De eso trata este relato breve escrito por François Sureau (Periférica), no por breve menos conmovedor y terrible. Escrito impecablemente. No sobra ni falta nada en él. Es exacto en su dimensión, en su escritura, en la expresión minimalista de un dilema moral de enormes proporciones.

Diciembre 12th, 2015

El bar de las grandes esperanzas. J.R. Moehringer

La “otra vida”

Yo he tenido “bar”, y los que hemos tenido bar conocemos el alcance que ese concepto tiene. Es el lugar a donde regresamos después del trabajo, del viaje, del amor, de la lectura. Shakespeare tenía el suyo, Sartre también, y casi todo el mundo que se precie tiene uno. El mío fue “El Bonanza”, en la calle del Refugio (no podía estar instalado en una calle de nombre más acertado), y dejé de ir hace años, y del todo desde que se murió el dueño, Manolo. En el Bonanza había una inscripción que decía: “Cerrado los lunes por descanso de los señores clientes”. Yo creo que contenía una gran vedad: si hubiera sido por Manolo, el bar hubiera estado abierto siempre.

En esos bares el dueño es el alma. Suele ser discreto, pero su presencia está ahí. Es el que discretamente marca las normas y crea el estilo. Es el que invita, es el que escucha al cliente entristecido, el que brinda con el cliente alegre. A los bares no solo se va a beber, sino que se va para estar con el dueño, porque es un poco sicólogo, confesor y amigo.

Por eso yo comprendo “El bar de las grandes esperanzas”, de J. R. Moehringer, escritor norteamericano que recibió el Pulitzer en el 2000 por “Open” porque me pasó algo parecido cuando leí “Fiebre en las gradas”, de Nick Hornby: él y yo tenemos vida propia, sufrimos y gozamos con ella, pero tenemos “equipo de fútbol”. No sé, esto o se entiende o no se entiende, y yo respeto mucho a las personas que no tienen bar ni equipo de futbol pero me dan un poco de pena.

Vida social y vida privada. La vida social nos encumbra y nos destruye. Nos hace ser quienes somos en público. No hay vida privada mejor que la vida privada que se vive en privado pero en un bar en donde noche tras noche, desaparecen las fronteras ideológicas, políticas y personales, y la peña forma una especie de cuerpo pensante colectivo que va notando paralelamente los efectos atenuantes del alcohol. Algunas veces, algún gilipollas rompe esa armonía y casi todos los habituales lo miran mal. Se distingue a uno que no participa del clima colectivo mejor que se distingue a un chino en Ateca, el pueblo de mi padre.

En la novela, densa y larga, se nos cuenta en primera persona la pequeña historia de un niño que todas las noches intenta escuchar la voz de su padre en alguna de las radios de Estados Unidos. Vive con su madre, quiere ser escritor y durante un tiempo vive el sueño de entrar como periodista en el New York Times. En el bar Publicans encuentra “la otra vida”, es decir, el apoyo, la compañía, el consejo, la fuerza necesaria para intentar cumplir sueños y expectativas. Sus personajes son como piezas de un engranaje sentimental, presidido por esa madre abandonada que siempre está ahí, intentando ser feliz y procurando que su hijo también lo sea.

La propaganda del libro dice la verdad, Una frase de Alessandro Baricco en la portada: “un talento inconmensurable”. Lo creo, porque el libro está a la altura de los grandes de la literatura norteamericana. De novelas que representan épocas y describen metafóricamente la realidad del tiempo en que fueron escritas, el estilo de vida de las personas. Y “El bar de las grandes esperanzas” cumple con creces esta misión, además de tener al lector retenido sin poder bajar a su bar, si es que lo tiene.

Noviembre 26th, 2015

“Daisuke”. Natsume Söseki

La fuerza del ambiente

El argumento de esta novela no puede ser más sencillo: un joven rechaza las ofertas de matrimonio que su familia le propone y elige la opción más difícil, relacionarse con la mujer de su amigo. Los antecedentes y las consecuencias de esa opción componen el libro.

Este argumento, expresado en estos términos simplistas, no da para trescientas páginas… A no ser que esta historia se desarrolle en Japón, en donde el ambiente que respiran los personajes está cargado de normas, tradiciones, costumbres, relaciones familiares, relaciones laborales, de amistad, etc, son diametralmente diferentes a las que rigen en occidente. El propio matrimonio como institución es un claro ejemplo de ello. La cantidad de suicidios que en el año se producen en la ciudad de Tokio es infinitamente superior a la de París, Londres o Estocolmo, en términos comparativos. La vida en sí misma, considerada como un valor, es esencialmente diferente. Amelie Nothomb nos describía minuciosamente la diferencia en “Estupor y temblores”, que da título a una tragedia individual pero que es el tratamiento que hay que sentir, literalmente hablando, ante la suma autoridad representada por el Emperador. ¿Difícilmente entendible, no?

Por eso, las páginas de “Daisuke” (Ed. Impedimenta), de Natsume Söseki (1867-1916) un cásico de la literatura de ese país, son una disección extraordinaria de una cultura y de una mente que participa de ella, aunque sea rebelándose ante algunas de sus principales normativas, enfrentándose nada menos que a la autoridad familiar representada por un padre del que poco conocemos, excepto que le interesa el matrimonio de su hijo por razones económicas.

Curiosa descripción de personajes, o, mejor dicho, a la ausencia de descripción. Nada parecido al sicologismo de la novela occidental. Los personajes parecen “actantes” de una obra teatral en la que cada uno desempeña un rol y poco más de ellos terminamos sabiendo. Un hermano sumiso, una cuñada más cercana, una mujer que vive con resignación su matrimonio, un hombre casado sin aparentes razones amorosas… Y todo ello sin porqués. Los porqués de sus acciones y omisiones están implícitos en esa tela de araña que a todos atrapa. Más que personajes, quienes aparecen en la obra me recuerdan las magníficas marionetas que componen el Bunraku, de una belleza externa tan extraordinaria como hermética.

Leída con ojos occidentales, esta novela es fría y en ciertos momentos críptica. Leída desde la perspectiva en que parece haber sido escita, es de una sutileza literaria extraordinaria, y un espejo muy sutil de una sociedad que nos cuesta trabajo comprender.

Noviembre 21st, 2015

Arthur Miller

Siempre me gustó el teatro de Arthur Miller. Por razones objetivas y subjetivas. Empezaré por las segundas.

Tenía yo dieciséis años y no sé exactamente cómo ni porqué me vi dirigiendo y actuando en “Todos eran mis hijos”, la primera de sus grandes obras y con la que logró su primer gran éxito en Broadway y, paralelamente, su primer gran escándalo. Representaba el papel de Joe Keller, empresa a todas luces imposible, no sólo por mi falta de técnica, sino, sobre todo, porque con mi edad era inaccesible intentar representar con un mínimo de verosimilitud a alguien que traspasaba los sesenta. Pelillos a la mar. En aquel grupo de aficionados todo era posible… Como también era posible que yo, que no había dirigido jamás a actores, como por ciencia infusa, los dirigiera de pronto. De todo ello lo más sorprendente es que no albergo un mal recuerdo, sino todo lo contrario. Y además, todavía resuenan palabras de elogio de personas que sí sabían verdaderamente del oficio del teatro. Misterios. En este caso, misterios gozosos.

Estos días releo a Miller obligado por mis clases en la Escuela de Teatro. Acaba de publicarse un volumen con una selección de sus textos en la editorial Tusquets con motivo de su centenario. Sigue ahí: con toda su fuerza dramática, con su perfección a la hora de construir argumentos y estructuras dramatúrgicas. Con su sutileza y profundidad para construir personajes que tienen un lado interior tortuoso, víctimas de sus propios errores, o de los errores de su estirpe. Y en ese sentido, como héroes o antihéroes de la gran tragedia griega. Y con su malestar, elevado a categoría estética y a denuncia implacable, por sentirse en una sociedad que estaba empeñada en sustentarse a sí misma sobre valores vistosos y espectaculares, pero falsos. El “sueño americano” era un fraude para Miller, o como para Philip Roth y tantos otros, en el lenguaje paralelo de la novela.

“Todos eran mis hijos” sigue vivo como drama social y sicológico. Con ese conmovedor suicidio del hijo que arrastra al suicidio del padre. “Muerte de un viajante” sigue contándonos los entresijos mentales de un ser humano que se miente a sí mismo sobre su éxito en la vida y que en su mentira arrastra a los demás, especialmente a los que más cerca tiene.

Sin embargo, “Las brujas de Salem” me ha conmovido más que nunca. Fue una metáfora: la caza de brujas en esa pequeña población de Masachusetts en 1692 que le sirvió a Miller para contar la que él y otros como él padecieron en su país en los años cincuenta, ideada, desarrollada y conducida implacablemente por el inefable senador Joseph Raymond McCarthy. Me parece un drama lleno de nervio, de emoción, de ideas poderosas, de lucha de contrarios, de fuerza teatral. Y también de fuerza cinematográfica. Veo también “El crisol”, rodada en 1996 por Nicholas Hytner, y protagonizada por un extraordinario Daniel Day-Lewis, entre otros grandes nombres de esa gran generación de actores y actrices del cine inglés y norteamericano.

Miller sigue vivo, aunque murió en 2005. Su autobiografía “Vueltas al tiempo” (también publicado en Tusquets), sigue siendo tan recomendable como “Linterna mágica”, de Ingmar Bergman, porque ambas tienen un estilo parecido: no se detienen en los peldaños del éxito sino que se convierten en libros de reflexión moral, de preguntas no contestadas por la vida, de debates interiores no resueltos.

Las obras de Arthur Miller siguen vigentes, me temo que no por razones agradables y humanitarias. De lo que nos habla, sigue vigente. Tal vez de maneras aparentemente distintas, pero desdichadamente vigentes.

Noviembre 15th, 2015

Los libros y la libertad. Emilio Lledó.

Amor por la cultura

Este libro debería ser de lectura obligatoria no solo en colegios e institutos, sino también en ministerios, presidencias de gobiernos y juntas autonómicas… Es decir, debería convertirse en una manual de lo que podría ser una verdadera asignatura llamada “Educación de la ciudadanía”.

Transmite un enorme amor por la cultura, por la democracia, por valores como la amistad, y, de manera especial, por los libros. Artículos cortos publicados en diferentes lugares en los que Emilio Lledó, intelectual, filósofo, un pozo de humana sabiduría, expresa opiniones sobre los síntomas de la barbarie y sobre los remedios ante sus destrozos. Sin alharacas, con una mirada siempre amable y valiente al mismo tiempo.

Los libros, en su opinión, terminan siendo la cristalización de un largo proceso. Su presencia es el poso de tiempos pasados, del momento en que fueron escritos, pensamiento y vida, que gracias a ellos sigue siendo un presente de conocimiento y sabiduría. Las más hermosas páginas están dedicadas a ellos: “los libros se hicieron “compañeros del alma” como las palabras de aquellos con los que nos amistamos. Compañeros de toda la vida, que siguen el camino de nuestros días y que nos hablan continuamente. Y no hay mejor compañía que las palabras”.

Noviembre 14th, 2015

Catedral. Raymond Carver

La segunda realidad

Lennon decía que” la vida es eso que pasa mientras hacemos planes…” Y Carver lo suscribe. La vida es eso que nos pasa mientras que a los otros les pasan otras cosas que se interrelacionan siempre con las nuestras. La vida es siempre como un cuadro de Hopper: parece detenida, con figuras estáticas que parecen solitarias, abstraídas en sus problemas, pero las acciones u omisiones de todos, afectan, y de qué modo, a la coralidad.

Eso tiene un aspecto saludable y optimista. Nunca estamos tan solos como creemos. Y un lado peligroso: no dependemos solo de nuestra voluntad o nuestras casualidades y coincidencias. Llamarle a eso destino son palabras mayores. Bastante inquietante es no saber qué va a hacer el vecino de arriba y que tanto va a influir inesperadamente en mí.

Eso lo cuenta muy bien Carver en sus relatos cortos. Relatos de la vida diaria, que ponen en primer plano lo excepcional y misterioso que tiene y que nosotros no calibramos con exactitud. Muchas cosas pasan cuando pasa una cosa. Algo así decía Kafka, ¿no?, cuando se empeñaba en mostrarnos el lado misterioso y terrible de lo que parecía sencillo y plácido. Hay una segunda realidad que no vemos, pero que padecemos. Y de esa segunda realidad se nutre Carver para hacer sus crónicas que terminan siendo actas notariales de un terror difuso pero evidente.

Noviembre 12th, 2015

El reino. Emmanuel Carrère

Dentro y fuera del reino

Carrère es ya a estas alturas un fabuloso contador de historias, que ha adquirido un estilo inconfundible, que ha conseguido hacer de la necesidad virtud. Su forma de escribir podría haber terminado siendo inaguantable, pero somos legión los que nos hemos tragado sin agua sus píldoras literarias y hemos desarrollado una adicción de la que ya no podremos recuperarnos.

No sé cómo lo hace, pero lo hace. Cuenta una historia personal y la mezcla con otra historia –personal o no, anterior o paralela, cronológicamente hablando- y nos presta a los lectores, eso sí, el pegamento para que reconstruyamos la pieza desgarrada. Y esa fórmula, que tendría el riesgo de convertirse en repetitiva y empalagosa (supongo que para algunos lo será), para mí, y para miles de lectores, ha terminado siendo una delicia.

En “El reino” (Anagrama), Carrère nos cuenta en las primeras cien páginas lo que fue su etapa cristiana. Etapa de la que, dicho sea de paso, no ha transcurrido mucho tiempo. Vivió durante cuantos años como un cristiano, se casó por la iglesia y bautizó a sus hijos. Y esas páginas biográficas preceden a la historia –entre documental e imaginada- de lo que debieron ser los primeros años tras la muerte de Cristo de quienes con él habían compartido momentos, sermones, episodios extraños, milagros… Especialmente de los cuatro que supuestamente escribieron los evangelios, y que a veces coinciden y otras no tanto, en el relato de unos hechos de difícil explicación pero de incuestionable proyección histórica.

La novela, o lo que el libro sea, está escrita desde el descreimiento, pero desde el respeto. El escritor ha utilizado los propios textos que escribió en el momento que atravesó esa fase de fe en aquel predicador cuyas palabras más influido en la historia de la humanidad, y que tenía almacenados en algún lugar de su casa, cercanos a los documentos que utilizó para escribir “El adversario”, tal vez su mejor novela hasta ahora.

Las quinientas y pico páginas se las lee uno de un tirón, sea creyente o no lo sea. Porque lo que en este libro se cuenta es una historia de emociones, de dudas, de puntos de vista sobre unos hechos difícilmente comprobables pero que ha influido de una u otra manera en nuestras vidas. Un libro que tal vez reconcilia con lo mejor y más actual de esas palabras que quizás pronunció un iluminado a quien terminaron odiando los judíos y matando los romanos. Palabras que nunca se sabrá si fueron dichas por él o por quienes escribieron las novelas de su vida, fuera totalmente imaginaria o sencillamente real.

Octubre 10th, 2015

Emmanuel Carrère

“Limonov” me entusiasmó. Una novela biográfica escrita a partir de un personaje real, descarnado, cruel y contradictorio. Asesino, criminal de la guerra de los Balcanes y artista. El final de “El bigote” no se me podrá olvidar nunca. Experimenté una reacción física coherente con el transcurso de toda la novela. “El adversario” es un retrato demoledor de alguien que vive en una farsa que él mismo ha construido. Y con “Una novela rusa” y “De vidas ajenas”, que acabo de terminar, me ha ocurrido algo curioso: comienzos desconcertantes y desarrollos en los que se unen historias diferentes que terminan creando una sola hermosa y fascinante.

Todo este conjunto, (estos seis libros) arrojan un resultado: Emmanuel Carrère (Paris, 1957) es para mi un enorme escritor, que maneja como nadie la carpintería literaria y que nos explica desde sus novelas el mundo en que vivimos, en lo que tiene de actual y efímero, y en lo que tiene de permanente y constante.

Un escritor, además, que tiene la valentía de desnudarse en público. Frecuentemente son sus miedos y obsesiones de lo que se nos habla, y muchas veces, de sus propios datos biográficos. Tal vez esto sea un valor añadido que nos acerca a lo que leemos y a quien lo ha escrito. Como si se tratara de un amigo que nos cuenta sus confidencias y destapa sus lados menos claros.

Es ahora mismo, junto con Auster, Nothomb, Echenoz, Modiano, Hornby, Marías, y alguno mas, uno de mis escritores contemporáneos vivos y en pleno ejercicio que mas me interesan.

Octubre 10th, 2015

La Música de la Memoria. Xavier Güell.

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El mundo de la música

Libro que a los amantes de la música les entusiasmará. Y a los menos amantes de la música también. Se nos cuentan los entresijos vitales de los principales compositores alemenes, desde Beethoven hasta Mahller. Siempre desde dos perspectivas, la humana y la profesional. Tal vez desde esta segunda el libro se nos pierde a los que no conocemos profundamente los recovecos de la composición y no sabemos descifrar las claves técnicas de una sinfonía, una sonata o un cuarteto.

Sin embargo, el libro interesa por lo que tiene de explicativo de lo que fue Alemania y Europa en esos años. Y también, porqué no, de los líos personales y sentimentales, enfermedades y rarezas de los compositores a los que tanto admiramos y han escrito la música que nos ha acompañado siempre.

Magistral la conversación entre Beethoven y Franz Schubert, conmovedor el relato del crucero que realiza Mahler junto con su mujer Alma, a la que ya ha perdido sentimentalmente, estremecedoras las relaciones entre Robert Schumann y Johannes Brahms, con Clara de por medio, etc.

Un libro delicioso, que en momentos se densifica demasiado, tal vez por la abrumadora información y documentación que maneja Xavier Güell, un auténtico conocedor de la música clásica desde diferentes ámbitos, que, tal vez, le resta agilidad literaria.

Febrero 5th, 2015

Del color de la leche. Nell Leyshon

La escritura es libertad

Pocas veces me ha ocurrido en mis años de lector que el prólogo a un libro me dejara ya fascinado. Por lo bien escrito, por lo útil, por lo oportuno y clarificador. En la pequeña novela de Nell Leyshon “Del color de la leche”, publicada en España por Sexto Piso, el prólogo de la escritora mexicana Valeria Luiselli es tan revelador y atractivo que no desmerece con respecto a la obra que precede y tal vez, cuando pasen los años, recordaré el prólogo y un poco menos la novela misma.

No exagero. Define a la perfección lo que la narración es: un impulso literario, escrito en tres semanas. Ese impulso coincide admirablemente con la prisa de la protagonista en contar su historia. Forma y fondo se complementan de modo extraordinario, pues. La protagonista, que narra sus propias peripecias, va a morir en breve, con un hijo en las entrañas, y no le queda tiempo para matices.

Acaba de aprender a escribir, además. La escritura le ha abierto una ventana al mundo, por la cual ve que el suyo y el de su familia es pequeño y triste, y lo peor, que hay otro, refinado y culto al que nunca podrá acceder, pero lleno de injusticias y de miseria moral. Quien le enseñó a escribir estaba cavando su propia tumba. Leer y escribir la salva y la condena porque le hace ver con claridad diáfana la injusticia en que su vida está empantanada. Curiosa contradicción magníficamente resuelta por una escritora que lleva el teatro dentro y que de hecho es allí donde ha obtenido sus más resonantes éxitos.

Es un texto conmovedor, denso y ligero: se lee en hora y media, y, sin embargo, desgarra la imaginación y la mente del lector, porque le interpela sobre su opinión de los hechos. Y que un libro te mire de frente es algo hermoso, inusual y perturbador.

Enero 30th, 2015

Felices los felices. Yasmina Reza

Como gotas de lluvia

Todos estamos interrelacionados. Siempre lo estuvimos desde que el mundo existe, y desde que se construyeron las sociedades humanas para defenderse, para atacar, para acompañarse, para perpetuar la especie. Aún así, nuestras vidas son autónomas, y ninguna de las razones por las que inventamos esas sociedades han terminado siendo las soluciones de manera absoluta a nuestros problemas. No es posible hacerlo, está claro. Somos individuos que se esfuerzan a veces en comunicarse y lo que encontramos como resultado, en demasiadas ocasiones, es más dosis de soledad, tristeza y desamparo.

Pero bueno, esto es lo que llamamos vida. Vida inteligente, en la que algún tipo de poder de decisión tenemos. No mucho, pero lo suficiente para disfrazar de cierta dignidad el discurrir de los días.

Yo creo que de esto habla la escritora parisina, de lejano origen español, Yasmina Reza, en su libro “Felices los felices”, que acaba de publicar Anagrama. No es una novela coral, ni un conjunto de monólogos. Es eso, y bastante más, un relato/dramaturgia que tiene la forma de un puzzle en el que cada pieza tiene valor en sí misma, pero que, juntas, triplican su valor.

El lector advierte esta estructura cuando ya lleva medio libro. Al menos eso fue lo que a mí me ocurrió, y es que el procedimiento literario es tan liviano que apenas pesa en el conjunto de lo contado, de las vidas contadas. Reza siempre tuvo la virtud de maximizar lo poco: de contar mucho con casi nada, con pocas palabras, con pocos trazos, con pocas frases, tanto en la novela, como en el teatro. Y ahí la seguimos encontrando. Escribe como llueve en una tarde en la que cuando salimos a la calle y nos encontramos con las aceras mojadas y nosotros mismos nos sorprendemos de que haya llovido. No nos dimos cuenta mientras pasó. Solo la humedad queda como prueba de algo que ocurrió sin que nos diéramos cuenta..

Enero 25th, 2015

Así empieza lo malo. Javier Marías

Cuando lo mismo sigue siendo bueno.

Una historia de amor y desamor reconstruida. El pasado que se explica desde el presente, cuando ya no tiene remedio, cuando ya hay víctimas y heridas imposibles de cicatrizar. Comportamientos actuales que solo tienen explicación en agravios cometidos hace décadas, por engaños, por malos entendidos. El mismo ambiente literario, denso, retorcido y culto, de Javier Marías. Los mismos personajes que ocultan partes importantes de sí mismos y que, obligados por las circunstancias, o presionados por terceros, deben confesar la verdad. Al menos, su parte de la verdad.

En este sentido, esta novela de Marías es, a pesar de su buena factura habitual, del dominio de la intriga, de la hábil construcción de los personajes, más de lo mismo. Aunque ese “mismo” nos pueda resultar apasionante y posea una contrastada calidad y un evidente interés. Variable de un mismo tema, un capítulo más de una saga, de un estilo, de una forma muy peculiar e inconfundible de plantearse el hecho literario.

Octubre 26th, 2014

Crímenes imaginarios. Patricia Highsmith

Realidad y ficción

“Crímenes imaginarios” (Anagrama) es una novela publicada por la escritora norteamericana Patricia Highsmith en 1965. Todos sus textos son intensas tramas, trabadas con enorme inteligencia literaria y a partir de personajes magníficamente trazados. Tal vez ésta no sea su mejor novela, pero es eficaz, convincente y mantiene el interés creciente.

En realidad nosotros sabemos que el guionista Sidney Barleby no ha asesinado a su esposa, con la que comparte desde hace tiempo una crisis matrimonial. Consecuencia de la cual, ésta decide desaparecer por una temporada. La temporada se prolonga demasiado, y las personas del entorno familiar, los vecinos, los compañeros de trabajo de Sidney, etc, comienzan a sospechar de que la desaparición haya sido realmente voluntaria. Una vecina con prismáticos y mucho tiempo libre le ve un día enterrando una vieja alfombra. Es decir, todo apunta a que el asesino es él.

Nos metemos en la cabeza del guionista abandonado. Y desde ella vemos cómo disfruta –o al menos así lo parece- viéndose al fin protagonista de algo interesante. No conviene olvidar que la mayoría de sus guiones han sido rechazados, tal vez por su escasa habilidad para crear personajes protagonistas. La desaparición de su cónyuge le produce molestias y placer a partes iguales, y, además, en todo momento una bruma de dudas planea por las páginas de una novela que acaba bien, pero que podía haber acabado mal.

Entre el principio y el final, casi 270 páginas de oficio, de interés, de excelente literatura, de talento, de giros inesperados. Es decir, todo el arsenal de esta escritora que ha elevado el género a una altura sencillamente inimaginable.

Octubre 11th, 2014

“El bigote” Emmanuel Carrère

Del bigote al precipicio

Su novela “Limonov”, obra de madurez literaria, me dejó boquiabierto y ahora leo “El bigote”, publicada por Anagrama recientemente en España, y aparecida en Francia en 1986, cuando el autor rondaba la treintena. Se recupera para España, por tanto, la obra narrativa de este magnífico escritor y politólogo.

“El bigote” es un texto increíblemente bueno, teniendo en cuenta la bisoñez del autor. A partir de un acontecimiento cotidiano –un señor se afeita su bigote- se suceden una serie de peripecias a cada cual más disparatadas en un sentido nítidamente kafkiano del término. De lo cotidiano al vértigo del horror, del bigote al precipicio… Ese hombre termina perdido en los entresijos de su soledad, de su locura, y destrozará su presente y su futuro como consecuencia de algo nimio, fútil, tal vez un malentendido. Es un escrito sobre la fragilidad de lo que parece feliz o infelizmente asentado: el matrimonio, el trabajo, el lugar que ocupamos en nuestra microsociedad. Y el final, que lógicamente no adelantaré en absoluto, es la apoteosis de ese proceso. Un final desgarrador, que a mí personalmente ha llegado a conmoverme incluso físicamente. Casi me mareo, y no es una metáfora admirativa.

Es más: ese final que justifica el libro entero me ha hecho pensar en el poder de la literatura, en la posibilidad cierta de que las palabras del escritor asociadas a la imaginación del lector, internado profundamente en el camino que el primero le traza con mestría, puede producir efectos devastadores. Ciento setenta páginas te llevan hasta él y de algún modo lo potencian. Aquí, el horror se hace presente y el impacto en el lector es tremendo, más que el que puedan producir todos los trucos del peor cine o de los lacrimógenos programas televisivos que nos rodean sin misericordia. Tras ese impacto queda el recuerdo para siempre de una literatura de primer nivel que sobrecoge y nos adentra con naturalidad en el más puro y brutal de los desasosiegos.

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