La vida de los otros (2006)
Yo creo que esta es una de las mejores películas que he visto en mi vida. Como ninguna otra realiza una disección magnífica de la estructura represiva de la antigua RDA, y lo hace, sin embargo, con un lenguaje cinematográfico absolutamente extraordinario. Es interesante de principio a fin, conmovedora y, a la vez, rigurosa en el tratamiento del tema.En “La vida de los otros” asistimos al espectáculo trágico de las delaciones, de la corrupción política, de la esclavitud ideológica. Asistimos al drama moral de una sociedad sin libertad, en donde todos pueden ser sospechosos de traición, y de la represión ideológica más dura. Nos describe un mundo irrespirable, en donde la muerte y, en concreto, el suicidio se convierte en una de las muy escasas posibilidades de escape.
Uno de sus fundamentos es la interpretación de los actores. Todos realizan un trabajo sobresaliente, pero no tengo palabras para calificar el del actor protagonista, Ulrich Mühe, lleno de matices, contenido y a la vez sutilmente expresivo. Este hombre tenía una formación teatral, adquirida, entre otros, junto a Heiner Müller en el Teatro Nacional de Berlín. Por este sensacional trabajo recibió el Premio al mejor actor en los Premios Europeos del Cine. Desgraciadamente murió al poco tiempo aquejado de una enfermedad en el estómago.
Además del trabajo interpretativo encontramos aciertos rotundos en el guión, en la fotografía, en el ritmo narrativo en forma de trhiller, que le dota de un atractivo creciente y que nos lleva en volandas hasta el final. Un final sin concesiones ni ternurismo barato, completamente acorde con el espíritu general de la película.
Esta maravilla es la opera prima de Florian Henckel Donnersmarck, un señor de apenas 34 años y que se ha puesto su propio listón a una altura enorme.
Argumento:
En la Alemania del Este un miembro de la policía secreta vigila estrechamente la vida de un escritor teatral de gran éxito y de su entorno más cercano. Este hombre, escuchando y viendo, termina protegiendo al escritor ocultando incluso las pruebas que le incriminan en un grave delito contra el estado.
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