Sábado, Mayo 9th, 2009...1:11

Enfermedad

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La enfermedad, aunque sea, leve, me retrotrae a la infancia. Yo recuerdo mi infancia como un largo periodo de tiempo en el que siempre estuve enfermo, salpicado de cortos momentos en los que no lo estuve. Tal vez sea una exageración, pero esta es mi perspectiva. Por algo será.

Aquellas tardes en la cama… Mi madre trajinaba en la cocina, iba y venia con medicamentos y remedios, y mi padre escuchaba la radio en el modesto salón desde el que se veía la casa de mis tios. Nada de esto queda ya; por no quedar, no quedan ni seres vivos para recordarlo, excepto yo.

Me persiguen los inconfundibles sonidos de la enfermedad. Desde la cama, la percepcion de la realidad era confusa. Escuchaba las conversaciones de los vecinos, los llantos de los bebés, el paso de los coches por la calle María Lostal, el monótono subir y bajar del ascensor. Desde las sábanas intentaba deducir en que piso iba a detener su maquinaria para vomitar a un matrimonio, a una jovencita, a un practicante… Sí, en este caso, era el practicante, con sus temidas inyecciones de penicilina, y el ascensor se paraba justamente en la cuarta planta. La nuestra.

Dionisio entraba sonriente y encoloniado, con su cargamento letal de antibióticos y sus afiladas agujas. Yo tenía que hacer un esfuerzo para seguir creyéndome que no hacían daño cuando penetraban por mi carne atemorizada. En realidad, ése había sido un descubrimiento reciente y todavia no estaba consolidado en mi interior. Ya me lo decía él: “relájate, Paco, que esto no te va a doler…”. Y tenía razón, no dolia.

De momento, claro.

Despues, todos desaparecían. Mi madre, mi padre, Dionisio… A mi me dolía el culo, pero con la oscuridad todo se iba calmando. En aquella cama comenzaba a inventar, a imaginarme en países lejanos, con bellas mujeres que me atendían y me secaban la frente. No hay mejor forma de escapar de las penalidades de la propia enfermedad, que unas buenas décimas de fiebre que actuaban como si fueran un potente narcótico. Ese efecto era balsámico en mi. Me proporcionaba la llave de la libertad, las alas para poder volar y escapar bien lejos de allí.

Aunque el culo me recordaba de vez en cuando la cruda verdad de mi precaria situación.

 

Si quieres ver imágenes, pincha aqui:

http://www.youtube.com/watch?v=hoCZ8H0RAsA



5 Comments

  • Aquellas pequeñas cosas … que nos hacían felices sin que supiéramos que lo éramos.

  • hola me llamo ambrosia y acabo de acer un blog

    pasate

    ….ambroia….

  • No fui una niña especialmente miedosa, pero había dos temas ante los que me moría de terror: las inyecciones y las tijeras de la peluquera amenazando mi melena.

  • Gracias por llevarme de nuevo a mis anginas, al jarabe de bristaciclina y a las inyecciones que mi practicante, Abelardo, venia a casa a ponerme sin piedad alguna. Recuerdo cómo esterilizaba las agujas en esa especie de cacharro plateado. Pero aún así…
    Tiene razón Waldeska, mucha razón. No sabíamos que eso era la felicidad.

  • An intriguing discussion What is a heel lift? worth comment.
    I believe that you need to publish more about this issue, it might not be a taboo subject but generally people don’t discuss such subjects.
    To the next! Many thanks!!

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