Amarcord (1973)

 

Realidad estilizada

 

Creo que es una de las mejores películas de toda la historia del cine, creadora de un mundo propio, mordaz pero amable, dramática pero extraordinariamente divertida, hermosa en cuanto a su forma y terrible por sus contenidos.En cuanto a la forma… En el teatro hay una estética que “deforma para esclarecer”. Es decir, estiliza la realidad, agranda o estrecha sus contornos, para hacernos ver aspectos de lo mostrado que escapan normalmente de nuestra visión superficial. En España fue el esperpento de Valle Inclán, en Rusia el grotesco de Meyerhold, etc. En el cine también hay estéticas fronterizas: esta de “Amarcord” es una de ellas. Nos presenta personajes que bordean el esperpento, instalados en el exceso expresivo, pero, a la vez, profundamente realistas, extraídos del paisaje real. Son arquetipos con alma verdadera, comportamientos sociales cristalizados desde antiguo y que finalmente adquieren cara propia e individual. Volvemos al teatro: algo así, salvando las distancias temporales, le ocurrió a la Comedia dell Arte, precisamente también en Italia.

En cuanto a los contenidos… La Italia fascista. Como todos los fascismos, con un ambiente moral irrespirable. Con la represión inoculada en los comportamientos sociales y en el interior de las conciencias. Sin embargo, el humor y la vida cotidiana nos ofrecen resquicios para ser libres, para vehicular nuestros sueños mas ocultos, para liberar la sexualidad reprimida. Además de convertirse en algo extraordinariamente gracioso, mofarse del profesor, o masturbase en el interior de un coche, puede ser a veces un acto inconsciente de libertad.

En esta película Fellini entremezcla la critica a esa Italia de Mussolini con sus mas recónditos recuerdos infantiles, con su propio despertar a la vida consiguiendo crear un mosaico de personajes y situaciones absolutamente extraordinario que nos mantienen sonriendo a lo largo de las dos horas que dura la película, pero que, al mismo tiempo, nos deja un regusto de tristeza infinita, porque los presos en las cárceles siempre dejan esa sensación final. Crea un universo humano claustrofóbico, en donde las fronteras están tan definidas por la niebla como interiorizadas. Seres que se reúnen para ver pasar sus propios sueños en forma de enorme trasatlántico, para quienes soñar es la única manera de trascender una infame realidad cotidiana que los aplasta más cada día.

Personajes como el motorista que cruza veloz por las calles, el loco subido a un árbol reclamando desesperadamente una mujer y cometiendo de paso la transgresión de mirar a lo lejos, esa monja enana que con su simple presencia le obliga a bajar de las alturas, los enormes pechos de la estanquera, o ese profesor que intenta en vano enseñarle la pronunciación de la lengua griega a un alumno rebelde, son ya iconos de la cultura europea del siglo XX, gracias al genio de Federico Fellini y esa maravillosa música del gran Nino Rota.

 

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