Domingo, Noviembre 22nd, 2009...6:32

Lo que el viento se llevó (1939)

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Su fama le precede, sí. Tal vez un buen equivalente en España sea nuestro Quijote: su prestigio exime a muchos de tener que leerlo. Y, sin embargo, todo el mundo parece conocer al caballero de la triste figura como si fuera un pariente lejano.

La historia la ha colocado en un lugar del olimpo de nuestros sueños, y con razón. Veamos porqué.

Por los actores. Espléndidos y creíbles, cercanos y lejanos, al mismo tiempo. La metamorfosis que se produce en el personaje de Vivien Leigh es extraordinaria, y podemos perdonar el escaso esfuerzo que desde la producción se tuvo con el rigor del paso de los años. El cambio, que apenas se aprecia en la piel de su rostro, se manifiesta sobre todo en sus procedimientos interpretativos. Y junto a ella un Clark Gable justito, una Olivia de Havilland deliciosa en su papel de Mamy, etc.

Por el guión, que escribió Sydney Howard a partir de la novela de Margaret Michell, que ya era un auténtico best seller cuando se compraron sus derechos para llevarla a las pantallas. Ese origen literario le confiere un poso extraordinario a todo el conjunto, ayuda a trazar esos personajes y atrapa al espectador por la rotundidad y el interés de su argumento. Lejos de ser un problema, su extensión es un activo importante para ir atrapándonos provocando en nosotros calculados efectos de empatía.

Por la fotografía, los encuadres, el tratamiento de la puesta en escena, que a mí me parecen memorables. Claroscuros, contraluces, siluetas ante el atardecer, paisajes desolados, pictóricos, hermosos. El contexto perfecto para contarnos una historia de pasiones arrebatadas, de conflictos extremos.

Por la dirección. ¿Quién dirigió esta película? Se dice que cinco fueron los directores que metieron su mano en la película, que algunos desaparecieron por la puerta de atrás, y que unos cuantos más participaron de manera auxiliar filmando escenas secundarias, a lo largo de un proceso que duró más de cuatro meses y en donde se quemaron los decorados de King Kong para simular el pavoroso incendio de Atlanta.

Es el cine que nos hace soñar, que nos arrebata. Nos habla de un mundo anterior cuyos valores se han perdido por el camino. Tal vez ese mundo no existió jamás, ni esos valores. Sabemos que esa armonía entre blancos y negros que se apunta es pura falacia, encubridora de otras realidades más crueles e injustas. Pero ese es otro tema. Porque es un cine al que no hay que pedirle rigor histórico, ni capacidad para analizar los procesos de la historia, sino agradecerle su eterna capacidad para evocar sentimientos y conseguir emocionarnos con ellos.

 

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3 Comments

  • Sin duda una extraordinaria película. A mi me evoca muchos y maravillosos recuerdos. Es la favorita de mi madre y la vimos juntas más de una vez. El libro me lo regaló una mujer muy especial, que vivió con nosotros mientras cuidaba a mi abuela. Es de esas personas que son de la familia, aunque la sangre no sea común. América profunda, mujer con carácter, historia de amor, esa increíble fotografía. Un gran clásico.

    Biquiños

  • Acaso fue la chancleta de FOS

  • Mis felicitaciones grande articulo. Salud@.

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