Lunes, Junio 14th, 2010...14:21

Solo ante el peligro (1952), de Fred Zinnemann

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La elección de ser digno

 

Esta película tiene algo insuperable: la tristeza en la mirada de Gary Cooper. Esa dramática soledad sonora siempre será un referente de nuestra propia soledad, ese caminar por las calles de un ciudad desierta, en una búsqueda inútil de hombres dignos y valientes con los que hacer frente a la ignominia, tiene mucho de paradigma de un vida vivible y se convierte en un ejemplo que trasciende con mucho el género del western. Hay que ponérsela a los niños en las escuelas para que comprendan en qué consiste el valor social de la dignidad.

 

Siempre me emocionó la epopeya de un hombre que se queda solo el mismo día de su boda, impelido por su propio concepto de la moral. Siempre me parecieron felizmente expuestas las razones de quienes le dejaron solo, que tampoco son banales. La vida se manifiesta aquí en su plena complejidad y no como una falsificación ridícula en la que los buenos y los malos lo son porque el guionista los hizo así. Una paleta de comportamientos, pues, que nos resume muy bien a los seres humanos, siempre frágiles y contradictorios, y esa maldición que parece presidir siempre nuestras vidas: elegir. Kierkegaard decía precisamente que vivir es elegir.

 

La vida y la ficción se entrecruzan en ella. El guionista, Carl Foreman, dijo sentirse muy solo ante ese inefable Comité que diseccionaba inquisitorialmente la vida y la ideología de los intelectuales norteamericanos cuando fue acusado de actividades políticas subversivas y muchos de sus compañeros miraron en ese momento para otro lado, o se fueron al cine a ver una película de John Wayne.

 

Además de Cooper encontramos a otros actores magníficos que representan esas elecciones. Por ejemplo a la mexicana Katy Jurado, con sus ojos turbadores, que al año siguiente iba a coprotagonizar “El bruto”, una de las mejores películas que Luis Buñuel iba a rodar en su país. Y, naturalmente, la bellísima Grace Kelly, en la segunda película de su corta carrera cinematográfica, y dos años antes de ganar un Oscar a la mejor interpretación por su papel en “La angustia de vivir”, de George Seaton. Aquí tenía veintitrés años y su esposo en la ficción Gary Cooper, cincuenta y uno.

 

Fred Zinnemann, de origen austríaco, era seis años más joven que él. Ya tenía detrás de sí algunos títulos memorables, como “La Séptima Cruz”, basada en la novela de Anna Seghers y protagonizada por Spencer Tracy, pero con ésta se manifiesta como un director sólido y valiente. Tal vez no lo sabía, pero “Solo ante el peligro” iba a granjearle, además de un enorme prestigio, muchas enemistades entre quienes cultivaban un género de western en el que los indios eran los malos y forajidos con pistola, muy buenos.



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