Domingo, Agosto 8th, 2010...6:57

La primavera romana de la señora Stone (1961). Dir: José Quintero.

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Extraña, irregular, sorprendente…

 

Termina uno de ver esta película con una sensación contradictoria: por una parte hay aspectos excelentes, como por ejemplo la presentación ante nuestros ojos de una Roma que, además de un contenedor de arte y de belleza, lo es también de podredumbre y de corrupción moral. Por otra, hay insuficiencias manifiestas. El resultado final es, sin embargo, positivo.

 

 

Algo no funciona. O funciona a veces y otras no, no sabría definirlo con exactitud. Me refiero tal vez a una cierta laxitud en el guión, que procede de la novela del dramaturgo norteamericano Tenesse Williams y que no termina de cuajar, de progresar, de atraparnos. Tal vez por impericia del director panameño José Quintero, reputadísimo e interesantísimo como director teatral pero inexperto absolutamente en estas lides cinematográficas, hay demasiados momentos en que pasan cosas que no nos interesan demasiado que pasen, que no ayudan a vertebrar adecuadamente la trama principal. Hay lagunas, bajones de intensidad.

 

Y, sin embargo, son creíbles las peripecias de los personajes porque los actores los construyen muy bien. En esto se lleva la palma Vivien Leigh en su papel de ex actriz mayor, que tiene dificultades consigo misma para aceptar precisamente el paso de los años.

 

Y aquí viene lo mejor: el misterioso vaso comunicante entre lo que se cuenta y quiénes lo cuentan, que confiere a la película, en mi opinión, el brillo de lo verdadero, de lo auténtico. Warren Beatty parece verdaderamente un gigoló, componiendo una especie de mequetrefe sexy muy convincente. La actriz pone en boca de su personaje una falsa enfermedad, que en realidad era una enfermedad verdadera –la tuberculosis- que seis años después le costaría la vida.

 

Ese tufillo a verdad atraviesa por las arterias de la película. Williams sabe de los que habla cuando pinta a jóvenes prostitutos, cuando describe minuciosamente los cimientos hipócritas de la moral dominante y que a él le estuvieron torturando toda su vida. Por esa razón la película constituyó un pequeño escándalo y pasó desapercibida para premios y galardones. Solo la gran Lotte Lenya, que está magnífica en su papel de condesa alcahueta, fue nominada en 1961 a un Oscar como mejor actriz de reparto, algo que no consiguió. Y por esa misma razón, hoy la seguimos viendo con especial interés, aunque tampoco figurará nunca entre nuestras favoritas.



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