Lunes, Agosto 30th, 2010...22:59

El hombre elefante (1980). Dir: David Lynch

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Sufrimiento y soledad

 

A mucha gente le colma de felicidad ver una película basada en “hechos reales”. Por eso los productores suelen ponerlo en su publicidad como un reclamo seguro. A mí me parece más valioso, en general, ponderar la habilidad y el oficio de los guionistas, que concederle medallas a la naturaleza o simplemente a la casualidad. Desde ese punto de vista me gustan mucho más las historias inventadas y que no tienen complejo de inferioridad de serlo, porque son fruto del esfuerzo de la inteligencia.

Dicho esto, reconozco que me he quedado estupefacto viendo las fotografías de John Merrick, un desgraciado que se pasó la vida sufriendo por una enfermedad que le sobrevino al poco tiempo de nacer y le convirtió en un verdadero desastre humano. Esas fotos se parecen extraordinariamente a la caracterización que padeció John Hurt en esta película.

Confieso que verlas me ha cambiado un poco la percepción que tenía de ella desde la primera vez que la vi. Me pareció siempre un producto del género ternurista, pensado sobre para sobresaltar las conciencias más débiles, para dar pena, para conectar con las profundidades más vulnerables del gran público.

De ese prejuicio mantenido a lo largo del tiempo, me queda todavía un rechazo de esos malos de opereta que esclavizan al desgraciado y lo convierten en un negocio de tres al cuarto… Y de esos buenos, buenísimos, que, por el contrario, le ayudaron desinteresadamente, vieron muy pronto los extraordinarios valores y el refinamiento natural de ese mismo desgraciado. Cómo si los científicos fueran señores desprendidos y maravillosos que no se benefician en absoluto de sus pacientes…
Pues bien, si prescindo de ese maniqueísmo, me queda una película que, aunque sobrevalorada, es correcta, bien concebida y realizada, que trata sobre el dolor y la soledad, la intransigencia hacia el diferente, y, en especial, contra la fealdad, en un mundo –el nuestro- en el que hay que ser guapos y llevar una buena dieta alimenticia para estarlo.
Lo que debió de sufrir John Merrick en sus escasos veintisiete años de vida. Lo que tuvo que sufrir John Hurt detrás de su máscara, haciendo tal vez el personaje más importante de su carrera por el que nunca, sin embargo, será reconocido, literalmente reconocido, quiero decir. Un eficaz Anthony Hopkins y un hierático (como de costumbre) John Gielgud le añaden calidad a un buen reparto.

 

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