Viernes, Noviembre 12th, 2010...3:55

El gran dictador (1940). Dir: Charles Chaplin

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Eterna

 

Además de un actor prodigioso, un hombre de cine y un mimo excelso, Chaplin tiene el don de la oportunidad y el valor de ejercerla. Esta sátira de Hitler es sencillamente sublime, la más demoledora de cuantas se han hecho del terrible dictador que pretendía exterminar a los judíos y levantar un imperio de la raza aria. Si no fuera porque sus delirios causaron la muerte y la desgracia de millones de personas, el modelo se justificaría para conseguir este resultado.

 

Ha conseguido lo que pretendía, y además con creces. Yo cuando veo a Hitler recuerdo siempre a Chaplin, muchos años después de haber visto la película por vez primera. Los excesos y peculiaridades de la gestualidad del terrible dictador del bigotito inefable, de los que nos quedan por desgracia escasos materiales cinematográficos, me hacen reír porque me acuerdo siempre de esta película, y me lo imagino revoloteando también por su despacho, sintiéndose verdaderamente el dueño del mundo, un semidios que todo lo puede y al que finalmente le estalla entre las manos el globo de su propia ambición.

 

Y tiene otro valor: aunque la rotundidad del modelo sea enorme y nos haga reír hasta la saciedad, el espectador puede extender su reflexión hacia los terrenos de la perversidad del totalitarismo, cualesquiera que sean sus manifestaciones, sus líderes y sus representantes.

 

El discurso final incide en ello. El actor/director se moja políticamente. Eleva al cielo un discurso tan fulminante en lo ideológico como lo es su parodia en lo artístico, en defensa de unos valores fraternos y democráticos que todavía hoy nos parecen útiles y renovados, nos emocionan y nos hacen pensar que es posible ser felices, libres y solidarios, juntos en este planeta.

 

Un genio, sí, un genio, del cine y del pensamiento político. Una película –otra más-, genial, hecha de materiales perdurables, nobles y eternos. No se desgastará nunca, y nos mantendrá siempre atentos ante los signos inequívocos de cualquier dictadorzuelo que pretenda llevarnos a alguna guerra criminal e innecesaria, y/o ante cualquier mácula en el funcionamiento mismo de la democracia.

 

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