Viernes, Noviembre 18th, 2011...19:36

Historia de dos ciudades. Charles Dickens.

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Hay libros imprescindibles. Son libros que todo el mundo debería leer, que son, además, germen de otros libros. Libros que permanecen en la memoria en forma de sentimiento indeleble. Tal vez algunos puntos argumentales, algunos personajes y situaciones, pueden olvidarse, pero lo esencial permanece en ella, porque nos tocaron algún punto sensible, ya sea en forma de bofetada, de caricia, de golpe brutal o de abrazo amoroso. Jean Claude Carrière ha escrito: “Me resulta fácil reconocer una obra maestra: solo hay que abrirla al azar y siempre nos habla de nosotros”. Eso es.

Uno de esos libros es “Historia de dos ciudades”, de Charles Dickens, publicada en 1859, cuando el escritor era ya un hombre muy famoso, con diez hijos a las espaldas y una situación matrimonial en plena crisis. Londres y París en dos momentos coincidentes en el tiempo y absolutamente diferenciados en el espíritu. La primera, ordenada, aburrida, estratificada socialmente; la segunda, convulsa, brutalmente sumida en un caos organizado que ha invertido el poder de las clases sociales, sumida en el terror de unos y en la ejecución de una venganza por fin materializada.

Visto con el tiempo, la imagen de la revolución francesa que Dickens nos ofrece, pudiera parecernos tendenciosa. Ni Londres era un espejo de virtudes, ni lo que sucedía en París era simplemente el feroz ejercicio de la crueldad humana. Sin duda, la revolución era una consecuencia y supuso la llave de una puerta posteriormente transitada por la libertad y la tolerancia. Pero es lícita esa forma de ver las cosas, es comprensible y hasta justa, como una metáfora sagaz de dos realidades contrapuestas.

Dickes es un sabio narrador. No es difícil descubrir en la lectura una minuciosa planificación que atiende a todo y no deja nada en el aire. Al revés: estamos ante una de cientos de páginas que conforman el mejor de los puzzles literarios posibles. Todo en ellas termina concordando a la perfección. Personajes al principio secundarios adquieren un protagonismo extraordinario al final; aquella situación que apenas quedó dibujada, manifiesta su sentido profundo en el decurso de la trama; lo que no entendíamos en su momento, queda explicado, y de qué modo, después. Armonía, sentido del equilibrio minucioso entre lo pensado para informar, para producir emoción, para causar sorpresa. Hasta lo previsible está contado con procedimientos inesperados.

Por último, recomendar su lectura a quien le guste la literatura de personajes contundentes. Aquí los hay magníficos, sumidos en profundas contradicciones, como Charles Darnay, el aristócrata que renunciará a su linaje poniendo en extremo peligro su propia vida, Alexandre Manette, el doctor encarcelado durante años en La Bastilla por la tiranía monárquica que debe enfrentarse al pueblo revolucionario para salvar la vida de su yerno, o Sydney Carton, un hombre al que su propio y voluntario sacrificio y muerte restituyen finalmente el sentido mismo de la existencia. Personajes, como decía, contradictorios, porque son finalmente hijos de un mundo contradictorio. Si estos son los que tienen un mayor peso en la trama y, en consecuencia, son los mejor dibujados, los demás son la consecuencia de una necesidad que les confiere un rotundo perfil literario.



1 Comment

  • Cuando leei Historia de dos ciudades quedó mi mente saciada de placer y satisfacción. De hecho al finalizar la obra pronuncie algunas palabras de emoción que no recuerdo con precisión.
    Es sin duda una gran obra y la recomiendo. Hasta el momento solo he leeido Grandes Esperanzas y Historias de dos ciudades, ambas de Charles Dickens. Y tras conocer a este escritor tan escuchado desde la infancia, queda sentenciado que es uno de los mejores de la historia, para mi, el mejor, junto a F.Dostoievski, sin duda. Mi personaje favorito Carton.

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