Martes, Julio 31st, 2012...22:42

Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Stefan Zweig.

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Libre por un día.

“Veinticuatro horas en la vida de una mujer” (Editorial Acantilado) es un libro apasionado, desgarrador, a caballo entre la narrativa y el teatro. Podría ser un monólogo teatral (una “narraturgia” –de hecho ya lo ha sido en ocasiones-, objeto de una película rodada en 1953 por Victor Saville.

Junto con “Carta de una desconocida”, también llevada al cine y al teatro, separados en su publicación por apenas tres años, ambos libros nos cuentan dos historias de mujer. Zweig fue muy sensible al alma femenina. Y estuvo siempre muy sensibilizado también con los problemas de expresión, de desarrollo intelectual y moral de las mujeres en el tiempo convulso que a él le tocó vivir. Humanista, progresista, antibelicista, judío, hombre de inmensa cultura y amigo de personas tan influyentes en el panorama intelectual del pasado siglo como Sigmund Freud, entiende que las mujeres eran discriminadas ya desde su educación, postergadas a un lugar secundario en la sociedad y sometidas en exclusiva a la tiranía de la familia y la procreación.

“Veinticuatros horas en la vida de una mujer” es la historia de una transgresión. Una mujer rememora el día en que no cumplió con el rol que la sociedad le asignaba, incluso el que ella misma había aceptado asumir. Tiene un aire de confesión de una culpa, pero también de expresión de un gozo que su protagonista ha mantenido en secreto. Una noche y parte del día siguiente fue feliz, o tal vez sufrió pero asumiendo que sus acciones fueron la consecuencia de su libre albedrío, de su posibilidad de elegir, por lo menos hasta cierto punto. Una noche que marcará definitivamente su existencia.

Asombrosa la técnica literaria de Zweig que nos mantiene en ascuas hasta las últimas líneas, que nos deslumbra por su concisión y ausencia de artificio.



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