Martes, Octubre 23rd, 2012...20:05

Novela de ajedrez. Stefan Zweig: Jaque al ser humano

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Le añade un elemento de inquietud a la lectura de “Novela de Ajedrez” (1941), el hecho de saber que poco después de publicarla, el escritor austriaco Stefan Zweig decidió quitarse la vida (22 de Febrero de 1942). No es un absurdo intuir que la pensaría, primero, y la escribiría después, sumido en un clima personal de angustia desesperanzada que finalmente le llevó a tomar una decisión de esta naturaleza.

No es una barbaridad tampoco suponer que este escrito pueda tener bastante de autobiográfico, y menos sabiendo que mucho de lo que en él se cuenta son experiencias de las que Zweig nos informa en textos anteriores y que él vivió en primera persona. Concretamente en “El mundo de ayer”, un libro extraordinario y de recomendable lectura y relectura, nos describe el contexto cultural, social y político que le tocó vivir y las secuelas que en él dejaron las dos guerras mundiales en las que se vio inmerso.

La primera destruyó Europa pero, sobre todo, dinamitó un mundo de valores morales y humanos en los que él creía de manera sincera y continuó creyendo el resto de su vida. La segunda causó miles de muertes inocentes, la deportación de otros miles, y a él personalmente le catapultó al horror, a la persecución, al exilio, a la muerte en vida en Brasil.

“Novela de Ajedrez” nos cuenta la historia de un hombre que fue detenido por las SS y privado de libertad durante unos meses en espera de que una sistemática tortura sicológica le obligase a facilitar una información extremadamente útil para sus carceleros.

En lugar de golpearle o castigarle con otro tipo de tormentos físicos, durante ese encierro su castigo fue su propia soledad. En ese tiempo su actividad más estimulante fue introducirse en la esencia de un juego del que apenas tenía convencimiento anterior: el ajedrez. Robó un libro en el que se desmenuzaban las partidas más emblemáticas de algunos campeones del mundo y lo leyó de cabo a rabo, de un modo sistemático, pero también terriblemente obsesivo. Se las aprendió literalmente de memoria, y casi contra su voluntad, y para aislarse del mundo horrible en el que estaba sumido, el pensamiento y la lógica del ajedrez penetraron en él como si fueran un veneno de efectos curativos, es decir, una especie de antídoto.

Años más tarde ese hombre se encuentra casualmente en un crucero con un auténtico campeón de ajedrez en ejercicio a quien derrota de forma inesperada. Esa partida reaviva el antídoto, y con él el recuerdo y el horror. De pronto, ya derrotado Hitler y sin necesidad de que el juego adquiera su dimensión defensiva, se despierta en él una necesidad enfermiza de seguir jugando y jugando, a pesar de que él mismo había decidido no hacerlo nunca más. Porque en ese nuevo contexto, jugar y, sobre todo, ganar en el tablero, significa de algún modo derrotar a los nazis, vengarse de las humillaciones y desastres provocados por los feroces malvados, por los liberticidas.

Novela de las obsesiones, descripción de las secuelas que la tortura y el nazismo dejaron en los seres humanos que pudieron escapar con vida de los campos de concentración y de la represión física de los campos de exterminio. Estudio pormenorizado de las repercusiones en el comportamiento de los hombres de un trato no humano, de una feroz ausencia de libertad. Metáfora de una potencia extraordinaria sobre la influencia del pasado espantoso sobre un presente aparentemente anodino. Novela de la transmisión de la maldad y de los efectos colaterales. Crónica desesperanzada de las posibilidades de ser libres, felices y normales en el mismo escenario en el que el hombre se comportó poco antes como una bestia feroz.

Y, repito, todo eso escrito un año antes de que el autor decida tirar la toalla. ¿Era Zweig el jugador de ajedrez?



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