Martes, Diciembre 25th, 2012...22:03

2012: Resumen de un año de lecturas y relecturas

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Stefan Zweig

Stefan Zweig

Este fue el año del “descubrimiento” de un escritor extraordinario: Stefan Zweig. Leí cinco libros (”Momentos estelares de la humanidad”, “El mundo de ayer”, “Carta de una desconocida”, “24 horas en la vida de una mujer” y “Novela de Ajedrez”) y en el 2013 continuaré el encuentro con el placer. Me conmovieron sus reflexiones sobre una Europa que pudo ser y no fue. Me atraparon sus historias desgarradoras, sus argumentos extraordinarios, sus descripciones, su enorme capacidad para narrar la realidad, para bucear en el fondo de las personas y de los personajes. Simpaticé con su tragedia personal porque de alguna manera es la de cualquier persona lúcida y sensible en un contexto de horror y brutalidad.

Marcel Proust

Marcel Proust

Leer de noche

Pero también fue un año para las relecturas y para las asignaturas pendientes. No hay nada mejor que tenerlas para seguir descubriendo lo que los otros gozosamente ya leyeron. Qué maravilla también recordar lo ya leído, el contexto en el que esos libros fueron leídos. Releer es rejuvenecer un poco.

En este capítulo estarían “Rojo y negro” y “La cartuja de Parma” (Stendhal), “El Quijote” (Cervantes), “Ana Karenina” (Tolstoi), En la carretera” (Kerouac), “Por quién doblan las campanas” (Hemingway), “El siglo de las luces” (Carpentier), “El gran Gatsby” (Scott Fitgerald), “Manhattan Transfer” (Dos Passos). “El coronel Chambert” (Balzac), “La perla” y “De ratones y hombres” (Steinbeck), “La máquina del tiempo” (Wells), “América” (Kafka), “Por el camino de Swan” (Proust), “Alguien que anda por ahí” (Cortázar), “El salón rojo” (Strindberg), “Diarios” y “Pelo de zanahoria” (Renard), “Mis mejores páginas” (Camba), etc.

Estos fueron algunos de esos títulos que me hicieron gozar, casi siempre en las madrugadas de 2012.

Paul Auster

Paul Auster

Cara y cruz de la literatura

Además de las lecturas “seguras”, en el año que se va marchando exploré territorios literarios nuevos para mí, tanto en español como en diferentes idiomas.

De esos paseos por lo desconocido destacaré estos títulos `porque me parecieron espléndidos: “Los enamoramientos” (Marías), “El planeta de Mr. Sammler” (Bellow), “Austerlitz” (Sebald), “Dublinesca” y “Aire de Dylan” (Vila-Matas), “El verano sin hombres” (Hustvedt), “Mentiras de verano” (Schlink), “Pastoral americana” y “Me casé con un comunista” (Roth), “Si, ya me acuerdo” (Mastroianni), “Nada se opone a la noche” (De Vigan), “Cosmópolis” (De Lillo), “Fin” (Monteagudo), “Apuntes de un vendedor de mujeres” (Faletti), novela policíaca que me desbrozó la tortuosa Italia de la Mafia, de las Brigadas Rojas, de la corrupción y las convulsiones políticas en las profundidades.

Por último quiero destacar los libros de los que considero mis escritores contemporáneos “de cámara”, esos que tienen un salvoconducto directo para llegar hasta mí, y de los que aspiro a leer hasta los garabatos que escriben en las servilletas cuando van a desayunar al bar de su esquina.

En mis manos estuvieron el magnífico texto de Paul Auster “Diario de invierno”, unas memorias abreviadas, que me subyugaron por completo. Ráfagas de recuerdos, ráfagas de pensamientos encadenados, que me adentraron en la piel de quien sin duda es mi escritor favorito. Patrick Modiano puso delante de mí su “Villa triste”, elegante, condensada, esculpida redacción sobre lo que fue y ya no es. Y mi querido Alesandro Baricco me atrapó con su “Mr Gwin”, novela en el límite de sus obsesiones conceptuales, que han terminado siendo las mías desde la lectura de “Los bárbaros”. Martin Amis me propuso su “La información”, asignatura pendiente, retrato de un monstruo contemporáneo. Y mi gamberro exquisito, Nick Honrnby, me volvió a seducir con una novela antigua, “Todo por una chica”, que deberían leer todos aquellos que se sientan interesados por la adolescencia

Simenon

Sin embargo, por lo inesperada, la sorpresa agradable del año ha sido Georges Simenon. ¡Quién me lo iba a decir! Acantilado, siempre un seguro de garantía literaria, ha comenzado la publicación de una selección de obras del escritor belga, autor de más de quinientas novelas. En casa tengo un buen puñado de las novelas policíacas protagonizadas por el inspector Maygret. Mis padres las leían en las vacaciones y a mí me parecía una lectura de segunda división, en el contexto de mi arrogancia juvenil. Ahora, muchos años después, leo las opiniones de algunos escritores a los que admiro y que me dejan anonadado por lo elogiosas y coincidentes: García Márquez, William Faulkner, Walter Benjamin, Josep Pla, etc, etc. La síntesis la pone de forma taxativa Martín de Riquer: “Todo Simenon es bueno”.

Leo dos de los primeros libros anunciados: “El gato” y “La casa del canal”. Fantásticos. Sencillamente fantásticos, especialmente el primero.

Dos viejos conviven en un mismo piso en París. No se hablan. No se miran. Solo se escriben recaditos. El escribe el primero y se lo tira con una puntería extraordinaria, fruto del entrenamiento, a ella. En el papel arrugado puede leerse: “El gato”. Algún tiempo después ella le contesta con el mismo procedimiento: “El loro”.

¿Qué es todo esto? ¿Qué significan estas palabras, este cruce de mensajes? Significa que ella asesinó a su gato y él en venganza desplumó a su loro hace varias décadas. Desde entonces no se hablan. La novela es una catedral literaria sobre la soledad compartida, de la reflexión sobre el amor y la amistad, sobre la incomunicación. La leemos con un humor triste, con ese mismo humor con que la escribió Simenon, y que no anda muy distante al que Beckett poseía y administraba en sus mejores textos.



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