Miércoles, Diciembre 11th, 2013...20:47

Malentendido en Moscú. Simone de Beauvoir.

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Envejecer bien

“Dicen que la vejez no existe, que no es nada; o incluso que es muy hermosa, muy emocionante. Pero cuando se encuentran con ella la disfrazan púdicamente con palabras engañosas”.

Simone de Beauvoir.

Simone de Beavoir (París, 1908-1986) escribió “Malentendido en Moscú” en los años sesenta, pero finalmente se publicó casi treinta años más tarde en la Revista Roman 20-50. Acaba ahora de hacerlo en España Navona Editorial en una magnifica versión traducida por Joachim de Nys y prologado por Rosa Regás.

Se trata de una novela corta en la que no es difícil descubrir el aroma autobiográfico que subyace en casi toda la obra de la mujer que compartió su vida con Jean Paul Sartre, además del nivel de reflexión ideológica y política habituales en los textos de quien estuvo tan comprometida con su tiempo, su país y, de manera emblemática, con la lucha de las mujeres por conseguir sus derechos igualitarios.

En este caso, el tema central es la vejez, la conciencia dolorosa de la vejez, del paso del tiempo. El motivo es el regreso a Moscú, después de tres años, de un matrimonio de personas mayores. No se trata de dos ancianos, pero están en la antesala de una ancianidad a la que han conseguido llegar sin merma de sus facultades intelectuales. En esa ciudad extrema, en donde muchas cosas están cambiando en el terreno de la realidad política, tienen un desencuentro, el primer gran desencuentro en lo que hasta ahora era una satisfactoria relación personal. Cambios en el carácter, cambios en el cuerpo, cambios en la percepción de la realidad y de las personas. Todo empieza a ser diferente en sus corazones, como diferente es la gran ciudad que los acoge.

El punto de vista es el de ella, de eso no hay duda, ni la escritora lo esconde en modo alguno. Pero eso no es óbice para comprender y hacernos comprender el de su compañero. Esa flexibilidad es una de sus mayores virtudes, leída ahora en el que el mundo camina hacia un empalagoso maniqueísmo de programa basura.

No es una gran novela. Es solo una pincelada, pero una profunda pincelada, esplendorosa en los pequeños matices. Está llena de “verdad humana”, de intento de esclarecer los grandes y pequeños misterios de la vida. Envejecer puede ser algo bueno o malo –parece decir la escritora francesa- según como nos comportemos y nos situemos en un contexto más amplio que nuestra sola identidad personal, y desviarnos hacia un lado o hacia otro, en realidad es, en gran medida, consecuencia de la voluntad y de la inteligencia para saber hacerlo. Parodiando al filósofo, podríamos decir que cada uno tendremos la vejez que nos merezcamos.

En estas ideas, Moscú, la revolución cristalizada en burocracia inútil, en prohibiciones absurdas, con su desolada belleza que no le pertenece solo a ella, o a uno solo de sus periodos, es algo más que un decorado de cartón. Es tal vez la propia metáfora de que el tiempo cambia a las personas, y la historia sigue avanzando despacio pero de manera inexorable.



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