Domingo, Mayo 25th, 2014...17:28

El ala oeste de la Casa Blanca

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Educación para la ciudadanía

He pasado los últimos tres meses literalmente abducido por una serie de televisión que empezó a emitirse en 1999 y acabó en el 2006: “The West Wing” (“El ala oeste de la Casa Blanca”). Es decir, en este corto periodo de tiempo he visto todos los episodios de las siete temporadas. Y los he visto con auténtica ansiedad. Ansiedad, quiero decir, de llegar pronto a casa para ver seguidos dos, tres y hasta cuatro episodios. Debo decir que soy muy aficionado a este tipo de maratones o pruebas de resistencia literarias, televisivas y cinematográficas… Es decir, cuando me da, me da.

Pero en este caso, hay razones “objetivas”. Quiero decir, que el nivel llega a la excelencia en dos territorios: el de la forma y el del fondo, el del continente y el contenido.

En cuanto a lo primero: perfección milimétrica en los guiones. Capítulos segmentados en 45 minutos, que te dejan satisfactoriamente insatisfecho, y siempre con un crescendo final habitual que te incita, si eres un poco flojo a caer en la tentación, como es mi caso, a ver el siguiente capítulo. Guiones excelentes: que tienden a la concisión y a la claridad, aunque el tema a veces no sea fácil de entender. Personajes absolutamente creíbles y monumentalmente interpretados, que nos revelan el lado interno –con sus peculiaridades, manías, miserias, soledades-, y su lado público: altos ejecutivos de la Casa Blanca, de esos que toman decisiones todos los días a nivel presupuestario, o a nivel militar, que no solo cambian la vida de los ciudadanos de ese país, sino de todo el globo terráqueo. Y actores, lógicamente, que realizan un trabajo excelente: Martin Sheen, que encarna al Presidente demócrata Josiah Barlett, y otros como Stockard Channing (la Primera Dama), Allison Janney (la Jefe de Comunicación, primero, y la Jefe de Gabinete, después), John Spencer (Jefe de Gabinete al que le da un infarto en la ficción y al poco tiempo en la realidad, costándole la muerte), Rob Lowe, Janel Moloney, Richard Schiff, Bradley Whitford, y un largo etcétera que completan un reparto que tiende y solo se explica bien desde la coralidad.

Marthin Seen

Marthin Seen

La dirección es siempre ajustada, reflejando maravillosamente el ambiente de permanente stress laboral, de conversaciones en los pasillos, de reuniones simultáneas, de una actividad frenética, que es contada de un modo sabio y eficaz.

El crítico Pablo Kurt ha escrito estas palabras que suscribo de pe a pa: “El ala oeste de la Casa Blanca” es, sencillamente, un placer para el intelecto, una increíble exhibición de precisión y sutileza para la fabricación de guiones que atrapan tu interés. La inteligencia e ironía se desbordan en cada línea de guión, en cada capítulo. El reparto es perfecto. Si además te apasiona la política, y especialmente la norteamericana, sus entretenidas historias y ágiles diálogos te engancharán sin piedad. Algunas tramas resultan verdaderos thrillers, otras brillantes melodramas. Aaron Sorkin es el gran culpable. Un tipo con un talento descomunal. John Wells –productor también, cómo no, de “Urgencias”- su cómplice. Nunca la televisión (y me atrevería decir que pocas veces el cine) me obsequió con tanto ingenio, tanta inteligencia. Un 10”.

En cuanto a lo segundo… El mismo día en que casualmente el episodio que estaba viendo estaba centrado en un debate electoral entre el nuevo candidato demócrata (por cierto, de color oscuro, interpretado por el conocido Jimmy Smits) y el republicano (Alan Alda, nada menos…), y éste último, en mitad del mismo, propone cambiar las reglas del juego y debatir de verdad sobre ideas, liberándose ambos de las reglas que les restringían la capacidad de hablar, pensar y discutir, acababa de ver a Arias Cañete y Elena Valenciano haciendo el ridículo en la televisión pública española, nerviosos y encorsetados, y comprendí la diferencia… Sí, los segundos eran políticos de verdad, y los primeros actores magníficos, pero esa sensación de que la política es, o debería ser, algo muy diferente a leer un guión, esgrimir estadísticas equivocadas y descalificarse mutuamente, me pareció más evidente que nunca.

Jimmy Smit

Jimmy Smit

Y como de esta segunda parte ha escrito insuperablemente Fernando Savater, le cedo ahora la palabra al filósofo que mejor divulga la producción cultural en nuestro país: “El ala oeste de la Casa Blanca”, que para muchos —entre los que también me cuento— sigue permaneciendo insuperada, fue un curso auténtico de la asignatura de Educación para la Ciudadanía bien entendida. Con programar esa serie en las aulas, seguida de comentarios y debates adecuados que hubieran acercado las circunstancias políticas norteamericanas a las variantes de nuestras instituciones, la tan controvertida como indispensable materia hubiera estado académicamente bien servida. Pero, claro, es pedir demasiada imaginación a nuestras autoridades educativas…”

Pues sí, querido Fernando.



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