Miércoles, Julio 30th, 2014...13:50

Una soledad demasiado ruidosa. Bohumil Hrabal

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Vida y obra confundidas

No se llevó bien el novelista checo Bohumil Hrabal (1914-1997) con las autoridades comunistas de su país, que impidieron la publicación de algunos de sus libros. Pero lo que está claro, es que vida y obra coinciden en él de una forma apabullante.

Sus personajes se suelen suicidar, como le ocurre al protagonista de su extraordinaria novela “Una soledad demasiado ruidosa”, publicada en España por Galaxia Gutemberg (y recomendada hace un par de días por un gran amigo al que me reencuentro en un bar con un ejemplar de “Cien años de soledad” en el bolsillo). Pero éste, no lo hace como el escritor, arrojándose desde un quinto piso, sino metiéndose en una máquina de reciclar papel en la que ha pasado horas y horas de su vida. Curiosamente, además de ferroviario, Hrabal también había trabajado durante años en una de esas máquinas. Supongo que él también, como su protagonista, se quedaba centenares de libros, les salvaba la vida, por así decirlo, en un acto de amor infinito por la cultura en general, el pensamiento y la literatura.

En estos tiempos actuales en los que el libro de papel comienza a perder prestigio –se supone que porque quita sitio para poner en las casas televisiones y jarrones horrendos-, “Una soledad demasiado ruidosa”, publicada en Suiza en 1971, se convierte en un homenaje inesperado al placer de tocar la página, de oler la tinta, de amar el objeto gastado y hermoso en donde hemos aprendido la mayoría de las cosas que sabemos. (Soy de los que pienso que los libros enseñan más que la vida, que es como una verbena ruidosa en la que casi nunca bailas con la más guapa y se te pone muy mala leche…) Homenaje al conocimiento frente a la banalidad, a la cultura frente a la ignorancia, a quienes leen frente a los “neo analfabetos”, como llamaba Félix de Azúa a quienes aprendieron a hacerlo pero nunca lo practicaron después, excepto cuando les llega el recibo del gas.

Hay mucha reflexión implícita sobre los verdaderos valores de la vida y de la muerte, naturalmente. El suicidio es una buena salida cuando éstos pierden la batalla –aunque sea la del supuesto progreso-, y esa es la enseñanza que el escritor nos envía desde su recuerdo y desde su amor por los libros, la cerveza y por los trenes. Leyó muchos libros, bebió mucha cerveza, e incluso trabajó en ella. Lo hizo también en los ferrocarriles de su país, y siguió prendado de ese artefacto con ruedas que nos lleva, despacio, sin prisas, a elegir, dentro de lo que cabe, nuestro propio destino. Como quería Agustín García Calvo: porque no hay nada mejor que un tren que va despacio para pensar con más tranquilidad por el camino.



1 Comment

  • Gracias Paco por tu clarividente comentario y por saludar con un “hola” literario en pentagrama de amistad y cariño. Siempre tus apariciones flash o tu rotunda realidad, resultan y son verdaderamente balsámicas.
    Un fuerte abrazo
    J M Bardavío

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