Jueves, Noviembre 26th, 2015...18:46

“Daisuke”. Natsume Söseki

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La fuerza del ambiente

El argumento de esta novela no puede ser más sencillo: un joven rechaza las ofertas de matrimonio que su familia le propone y elige la opción más difícil, relacionarse con la mujer de su amigo. Los antecedentes y las consecuencias de esa opción componen el libro.

Este argumento, expresado en estos términos simplistas, no da para trescientas páginas… A no ser que esta historia se desarrolle en Japón, en donde el ambiente que respiran los personajes está cargado de normas, tradiciones, costumbres, relaciones familiares, relaciones laborales, de amistad, etc, son diametralmente diferentes a las que rigen en occidente. El propio matrimonio como institución es un claro ejemplo de ello. La cantidad de suicidios que en el año se producen en la ciudad de Tokio es infinitamente superior a la de París, Londres o Estocolmo, en términos comparativos. La vida en sí misma, considerada como un valor, es esencialmente diferente. Amelie Nothomb nos describía minuciosamente la diferencia en “Estupor y temblores”, que da título a una tragedia individual pero que es el tratamiento que hay que sentir, literalmente hablando, ante la suma autoridad representada por el Emperador. ¿Difícilmente entendible, no?

Por eso, las páginas de “Daisuke” (Ed. Impedimenta), de Natsume Söseki (1867-1916) un cásico de la literatura de ese país, son una disección extraordinaria de una cultura y de una mente que participa de ella, aunque sea rebelándose ante algunas de sus principales normativas, enfrentándose nada menos que a la autoridad familiar representada por un padre del que poco conocemos, excepto que le interesa el matrimonio de su hijo por razones económicas.

Curiosa descripción de personajes, o, mejor dicho, a la ausencia de descripción. Nada parecido al sicologismo de la novela occidental. Los personajes parecen “actantes” de una obra teatral en la que cada uno desempeña un rol y poco más de ellos terminamos sabiendo. Un hermano sumiso, una cuñada más cercana, una mujer que vive con resignación su matrimonio, un hombre casado sin aparentes razones amorosas… Y todo ello sin porqués. Los porqués de sus acciones y omisiones están implícitos en esa tela de araña que a todos atrapa. Más que personajes, quienes aparecen en la obra me recuerdan las magníficas marionetas que componen el Bunraku, de una belleza externa tan extraordinaria como hermética.

Leída con ojos occidentales, esta novela es fría y en ciertos momentos críptica. Leída desde la perspectiva en que parece haber sido escita, es de una sutileza literaria extraordinaria, y un espejo muy sutil de una sociedad que nos cuesta trabajo comprender.



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