An Education (2009), de Lone Scherfig

25 Marzo 2010

 

 

Las segundas oportunidades

 

Me gustó mucho An Education: era un mal día, porque en la sala, inmensa, estábamos solo dos personas. ¿Es un síntoma o una casualidad? Siempre me lo pregunto, pero la verdad es que las últimas veces que he ido al cine el paisaje ha sido parecido.Me gustó por su impecable factura, muy limpia y británica, el guión, la interpretación y eso que conocemos con el nombre de mensaje. Es un mensaje positivo, optimista, en absoluto ñoño o ternurista de baja ralea. En la vida es posible sobreponerse a los golpes, a las mentiras y a los enredos, y luchar por los verdaderos objetivos. Es posible, aunque no fácil. Aquí se alaba el esfuerzo, la posibilidad de aprovechar las segundas oportunidades. Errar es humano, rectificar también. El mal existe: el infierno son los demás, los que saben más que nosotros y utilizan su sabiduría (parcial) para manipularnos. Ojo, pues.

Con una aire de comedia –de esas comedias británicas (insisto), burguesas, refinadas, divertidas-, termina apareciendo una tragedia muy bien llevada. No era fácil, por el argumento, por la situación. Hay que verla para comprender lo que digo. Doy otra pista: a mí que me horripilan las películas de adolescentes en apuros, ésta, lejos de horripilarme, me conmovió profundamente.

Y dos sorpresas agradables: las interpretaciones de Carey Mulligan y Peter Sarsgaard, un tipo que trabajó en “Pena de muerte”, a las ordenes de Tim Robins, y que se distinguió por su oposición a la guerra de Irak. Desde que he sabido esto último, me cae bien, porque salí odiándolo del cine. Su trabajo es impecable, inteligente, sutilísimo. Y el de Olivia Williams, encarnando a la maestra que finalmente contribuye a reparar lo que se torció por el camino.

Es un cine de seres humanos a los que les pasan cosas de seres humanos de hoy. Que yo sepa esta película no ha ganado ningún premio, pero yo sé más de tres o cuatro que deberían darle y quitárselo a otras.

 

Argumento:

Una joven inteligente y con un futuro excelente cae en las garras sentimentales de un hombre bastante mayor que ella. Su relación le va apartando de sus propias metas, y en el transcurso va descubriendo la verdadera personalidad de su mentiroso y manipulador pretendiente

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El Mercader de Venecia de Michael Radford y Al Pacino (2004)

24 Septiembre 2009

Caminos que conducen a Shakespeare

 

En el DVD auxiliar que acompaña a la película Al Pacino expresa con enorme claridad la virtud que posee esta versión cinematográfica del texto homónimo de Shakespere, escrito entre 1594 y 1597: ha interiorizado en los personajes, y él, en particular, en la línea de su magnífico “Looking for Richard” de 1996, ha buceado en las profundidades de un personaje complejo obteniendo un resultado magnífico.

 

En esta versión de Michael Radford, el Shilock de Pacino es un hombre torturado, deprimido, que atraviesa un periodo infame en su vida tras la muerte de su esposa, y que, por eso, ahora le cuesta aceptar las humillaciones que en otros momentos aceptaba con más resignación, e incluso con indiferencia. Sabido es que los judíos tenían permiso para realizar negocios, y que, al mismo tiempo, eran despreciados por ello. Ese poso de amargura es lo que le lleva a solicitar el pago de una deuda contraída con un cristiano hasta las últimas consecuencias.

 

En ese mismo material auxiliar, Jeremy Irons, que también está soberbio, dice que el director ha conseguido un trabajo excelente también como consecuencia de que conoce por experiencia el mundo del cine documental. Ahí está, en mi opinión, la clave de esta magnífica película: es cine brillante, de imágenes hermosas que no se recrean en exceso en su propia contundencia, y, al mismo tiempo, informa y conmueve. Está, pues, en un punto en el que se cruzan varios caminos, varios lenguajes artísticos al servicio de una historia inmortal.

 

El trabajo actoral es también perfecto: contenido, expresivo, ajustado a los patrones impuestos por el director, supongo que consensuados con Al Pacino con quien el director habló el primero. Josep Fiennes vuelve a demostrar un talento especial para recrear el mundo isabelino (ya lo hizo precisamente encarnando al propio dramaturgo en “Shakespeare in Love”, de 1998), y Lyn Collins (a quien acabamos de ver en “Lobezno”) maravilla también con su personaje de Porcia, que, como ella misma dice, deambula entre la ingenuidad y la astucia y se convierte en la heroína de un autor bastante aficionado a crear personajes femeninos de gran dureza o gran fragilidad.

 

Esta película debería verse en colegios, en escuelas teatrales y cinematográficas. Es fiel a lo esencial del texto original, pero no desprecia la tecnología que el cine ahora le ofrece. Recrea admirablemente el mundo veneciano del siglo XVI y, al mismo tiempo, no es historicista en el rancio sentido de la palabra. Mantiene el discurso y la intención del autor, y, al mismo tiempo, todo lo que ocurre interesa al espectador desde una perspectiva contemporánea.

 

No elude el escollo que a Al Pacino le hizo desechar tantas veces el personaje central: el supuesto antisemitismo. El judío es presentado como un fundamentalista, sí, pero entendemos las razones por las que lo es, sin hacernos pensar que ese sea el único fundamentalismo posible. Desgraciadamente hay bastantes más donde elegir.

 

Imprescindible.

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El Macbeth de Polanski (1971)

5 Septiembre 2009

Fidelidad

 

Macbeth tal vez no tiene la grandeza de otros personajes shakesperianos, como Hamlet, o Ricardo III. Siempre me pareció un mezquino señor, poseído por sus propias ambiciones, y un pelele de los deseos de su mujer. Sin embargo, ese es su sentido profundo, y como tal hay que valorarlo.

 

Shakespeare nos presenta al tipo exacto de ser humano que pierde su sencilla felicidad por ambicionar y conseguir de forma innoble parcelas de poder, de un poder que le quemará muy pronto entre las manos y que le precipitará hacia un desastre anunciado. Una fuerza misteriosa, más potente aún que su propio remordimiento, le impide frenar en seco su propia autodestrucción.

 

¿Y qué decir de esa mujer, en apariencia frágil, que incita a su marido a cometer crímenes horrendos en mitad de la noche y en su propia casa, a devolver con sangre lo que eran favores de un rey generoso con ellos y confiado de su hospitalidad?

 

Me sorprende siempre esa perspicacia de Shakespeare para describir la mezquindad, la ruindad, el egoísmo, lo peor de nosotros mismos.

 

Me interesó en su momento la versión que Orson Wells hizo en 1948, pero ahora veo la que Román Polanski filmara en 1971 con Jon Fich, actor poco valorado y que durante años hizo excelentes trabajos a partir de textos del autor inglés, y la actriz brasileña Francesca Annis, encarnado los principales personajes. Están soberbios, especialmente él, aunque ella cumple con creces y se ajusta al estereotipo femenino que Polanski siempre ha admirado. No es la mejor película del polaco, pero hay rigor, talento y respeto por lo esencial del texto. Cuentan que abordó esta empresa poco después de la muerte trágica de Sharon Tate, su mujer, embarazada, en aquel horrible episodio protagonizado por Charles Manson, y algo de esa conmoción y de ese horror se transmite en la película.

 

Es una versión, al mismo tiempo, muy reconocible dentro del universo del director, con sus tempos, su manejo de la cámara y sutileza expositiva. Con esa mezcla de espectacularidad e intimismo, que le son tan gratos y en los que se presenta tan reconocible. Capaz de conmovernos con lo grande (“El pianista”) o con lo cercano (“El cuchillo en el agua”). Es genial en el trazo grueso, pero también en el fino, en la aproximación sicológica, en la minuciosa dirección de los actores.

 

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Los hombres que no amaban a las mujeres (2009)

24 Julio 2009

 

Cine, ¿verdad?

 

Voy a hacer lo contrario de lo que se supone que se debe hacer: ahora voy a leer la novela de la que parte esta película, y que arrasa en las librerías de todo el mundo.

 

He leído críticas de la película: “Si, pero no”, “No le llega a la novela a la cintura…”, etc. Tal vez, si yo la hubiera leído, estaría diciendo las mismas cosas. No sé.

 

Lo que sí sé es que la película me atrapó desde el principio hasta el final y que de eso buena parte de culpa la tenía un guión que a mi me pareció excelente. Que las imágenes son poderosas, y, en muchos momentos, hermosas. Que los personajes estaban magníficamente interpretados, especialmente por Noomi Rapace y por Michael Nyqvist. Y que, por todo eso, merece la pena invertir dos horas en verla.

 

Sospecho que por ahí debajo se perdió densidad literaria, introspección en los personajes, detallismo descriptivo. Bien perdido está, si el resultado es éste: cine.

 

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Puerta de las lilas (1957)

10 Julio 2009

 

Ingenuidad

 

Estamos ante una bonita película realizada por René Clair once años después de su regreso a Francia tras su estancia en Hollywood. De cine lo sabía ya todo, y las claves del suyo estaban perfectamente presentadas en público: habilidad para la dirección de los actores, un olfato especial para describir ambientes populares, para contar historias con un pie en el documental costumbrista y otro en una descripción poética de la realidad.En esta ocasión nos cuenta una historia procedente de la novela “La grande ceinture”, de René Fallet y todavía se puede ver con interés, aunque hay momentos que han ido perdiendo fuerza por el camino. Lo mejor, la escena en la que unos niños juegan a lo que exactamente están describiendo los mayores en un bar cercano. No es solo una referencia anecdótica: A Clair le interesó siempre el mundo infantil y el ángulo de visión que desde allí se tiene del mundo de los mayores.

Los actores responden muy bien a los que el director les pide. Pierre Brasseur da vida al protagonista de la película, una especie de vagabundo con excelente corazón y que, sin embargo, es francamente increíble. Es especialmente interesante la participación de Georges Brassens que entonces contaba con treinta y seis años: canta bien y actúa regular.

La película fue nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, galardón que no consiguió. Es bella por su fotografía y su mensaje profundo. Es tal vez insuficiente por su excesiva ingenuidad.

 

 

Argumento:

 

Un vagabundo y su amigo artista refugian durante unos días a un bandido que acaba de cometer un atraco, y establecen una intensa y desprendida relación con él. Este tiene relaciones también con una joven de la que el vagabundo está secretamente enamorado.

 

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El marido de la peluquera (1990)

29 Junio 2009

 

La necesidad de comprar un yogur

 

Hace dieciocho años Patrice Leconte nos sorprendió con esta inolvidable película. Ayer volví a ver que sigue joven y bella, que la peluquera (Ana Galiena) sigue hermosa y que sigue marchándose a comprar yogures en mitad de la lluvia después de hacer el amor con su marido (Jean Rochefort), que, a su vez, sigue bailando danzas inverosímiles y divertidas.En ese tiempo nada se ha resentido. Esa atmósfera indefinible, como de paréntesis, de lugar de encuentro de almas diferentes, sigue ahí, cargada de potencia vital y de poesía. La metáfora se nos muestra juvenil y estilizada, las colonias siguen embriagándonos, y la propuesta de fidelidad a ciertos valores se sigue mostrando como un reto moral de una fuerza arrolladora, vigente y reactualizada.

El niño y el adulto siguen siendo un continumm coherente y armónico. Las vidas de los personajes principales, sus presentes y sus pasados, no dichos pero presentidos para nosotros, siguen fluyendo al compás de los mejores latidos de sus corazones.

Si todo eso es verdad, y yo creo que es así, es porque lo que se cuenta y la forma de contarlo representan un magnífico canto a la autenticidad personal y una aplastante muestra de talento cinematográfico.

 

 

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¿Porqué las mujeres siempre queremos más? (2005)

18 Junio 2009

 

Sin moraleja apreciable

 

Película aceptable, bien interpretada y dirigida, que podría ubicarse en la comedia de costumbres, pero con ribetes de cierta profundidad sicológica. Lo que en ella ocurre, ocurre en la vida real, en el terreno de las relaciones de pareja, nunca definitivamente resueltas. No hay tesis, y su ausencia parece significar que la única metodología apilicable es la tolerancia que nace de ver, aceptar y respetar la diferencia de géneros, porque en cuanto a otras cuestiones no parece muy probable establecer muchos más remedios. Tal vez eso sea lo mejor, porque la película carece de moraleja y se instala en el pragmatismo. Se ve con gusto, y se olvida, supongo, a los dos días. Primera película de Cècile Telerman, autora también del inteligente guión.

 

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Amarcord (1973)

31 Mayo 2009

 

Realidad estilizada

 

Creo que es una de las mejores películas de toda la historia del cine, creadora de un mundo propio, mordaz pero amable, dramática pero extraordinariamente divertida, hermosa en cuanto a su forma y terrible por sus contenidos.En cuanto a la forma… En el teatro hay una estética que “deforma para esclarecer”. Es decir, estiliza la realidad, agranda o estrecha sus contornos, para hacernos ver aspectos de lo mostrado que escapan normalmente de nuestra visión superficial. En España fue el esperpento de Valle Inclán, en Rusia el grotesco de Meyerhold, etc. En el cine también hay estéticas fronterizas: esta de “Amarcord” es una de ellas. Nos presenta personajes que bordean el esperpento, instalados en el exceso expresivo, pero, a la vez, profundamente realistas, extraídos del paisaje real. Son arquetipos con alma verdadera, comportamientos sociales cristalizados desde antiguo y que finalmente adquieren cara propia e individual. Volvemos al teatro: algo así, salvando las distancias temporales, le ocurrió a la Comedia dell Arte, precisamente también en Italia.

En cuanto a los contenidos… La Italia fascista. Como todos los fascismos, con un ambiente moral irrespirable. Con la represión inoculada en los comportamientos sociales y en el interior de las conciencias. Sin embargo, el humor y la vida cotidiana nos ofrecen resquicios para ser libres, para vehicular nuestros sueños mas ocultos, para liberar la sexualidad reprimida. Además de convertirse en algo extraordinariamente gracioso, mofarse del profesor, o masturbase en el interior de un coche, puede ser a veces un acto inconsciente de libertad.

En esta película Fellini entremezcla la critica a esa Italia de Mussolini con sus mas recónditos recuerdos infantiles, con su propio despertar a la vida consiguiendo crear un mosaico de personajes y situaciones absolutamente extraordinario que nos mantienen sonriendo a lo largo de las dos horas que dura la película, pero que, al mismo tiempo, nos deja un regusto de tristeza infinita, porque los presos en las cárceles siempre dejan esa sensación final. Crea un universo humano claustrofóbico, en donde las fronteras están tan definidas por la niebla como interiorizadas. Seres que se reúnen para ver pasar sus propios sueños en forma de enorme trasatlántico, para quienes soñar es la única manera de trascender una infame realidad cotidiana que los aplasta más cada día.

Personajes como el motorista que cruza veloz por las calles, el loco subido a un árbol reclamando desesperadamente una mujer y cometiendo de paso la transgresión de mirar a lo lejos, esa monja enana que con su simple presencia le obliga a bajar de las alturas, los enormes pechos de la estanquera, o ese profesor que intenta en vano enseñarle la pronunciación de la lengua griega a un alumno rebelde, son ya iconos de la cultura europea del siglo XX, gracias al genio de Federico Fellini y esa maravillosa música del gran Nino Rota.

 

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La gran ilusión (1937)

26 Mayo 2009

La paz siempre será posible

 

La aparición de Jean Renoir en el panorama del cine francés fue un gran acontecimiento. Llevaba los ojos cargados de hermosas imágenes y la cabeza de profundas ideas, y de ese bagaje son exponentes algunas películas anteriores a “La gran ilusión”, sin duda una de sus obras maestras y que obtuvo, entre otros, el premio a la mejor dirección artística en el Festival de Venecia.

Aquí su trabajo se sostiene en gran medida en la ajustada interpretación de Jean Gabin, Dita Parlo, Pierre Fresnay y Eric Von Stroheim, director austríaco, autor de ”Avaricia” (1923), que por aquel entonces estaba más dedicado al trabajo actoral, pero también en un excelente guión y en una precisión técnica fuera de toda duda. Hay una pericia evidente y una inteligencia cinematográfica en el manejo de la cámara y en la selección de los encuadres, que mantienen siempre un punto de calidad indiscutible. Todo ello al servicio de lo que se nos cuenta: una historia conmovedora en donde se hace una reflexión sobre la naturaleza de la guerra, las clases sociales y, en general, la política que condujo a la primera guerra mundial, sembrando de cadáveres inútiles el corazón de la vieja Europa.

Hay momentos de gran intensidad emotiva: el amor surge de la necesidad y del peligro, de las circunstancias adversas y de la precariedad. Pero también los hay de enorme profundidad y sutileza intelectual. Renoir pone en boca de uno de los personajes eso de que “las fronteras no se ven, son inventos de los hombres. A la naturaleza le da igual las fronteras”. Desde ese punto de vista tiene lógica el comportamiento refinado y la relación cordial que mantienen el oficial alemán y el francés, este último prisionero del primero. Son más cosas las que les unen que las que les separan, así como en uno de los ejércitos puede haber más diferencias culturales y sociales.

Película optimista, con un trasfondo filosófico humanista y profundamente crítico, y un sentido del humor que, en algunos momentos sobra, visto desde nuestra perspectiva. No cabe duda de que, situada en su contexto, esta mezcla de registros trágicos y cómicos significó una gran novedad y una manera original de vehicular ese otro tipo de contenidos.

 

Argumento:

 

Unos soldados franceses son capturados junto a su oficial por el ejército enemigo durante la primera guerra mundial. El oficial francés establece una excelente relación con el alemán, un hombre culto y refinado como él. Finalmente los soldados logran escapar a costa de la vida de su superior que muere en la operación a manos de su colega y amigo.

 

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Al final de la escapada (1960)

15 Mayo 2009

 

Belmondo y Bogart se miran en una calle de París

 

Hay una escena en esta película en la que el personaje que interpreta Jean Paul Belmondo mira una fotografía de Bogart en la entrada de un cine parisino. Godard se detiene en ambos rostros: ambos parecen observarse. En Belmondo se adivina una admiración por ese hombre, arquetipo de duro, sin escrúpulos. En realidad no solo se miran dos personas sino que se enfrentan dos maneras de hacer cine, de ver la realidad y contarla.
Esta película supone el comienzo de esa nueva mirada: más libre, más ágil, más relacionada con la vida real. A lo largo de la misma hay escenas rodadas en mitad de la calle, coincidiendo con esa otra realidad. Por ejemplo, esa memorable en la que los protagonistas andan por las anchas aceras de los Campos Elíseos mientras un pequeño ejército de motoristas precede a los presidentes de Francia y Estados Unidos. Esa utilización de la casualidad, esa manera de manejar la cámara, arbitraria y caprichosa, pero eficaz y sorprendente, le confiere al conjunto un aire de libertad, una agilidad narrativa que todavía conserva. Es más, la película sigue siendo francamente moderna.
Otros aspectos son más discutibles, o el tiempo los ha tratado peor. A la conversación entre Jean Paul Belmondo y Jean Seberg en el cuatro de ella le sobran minutos y tópicos existenciales, por ejemplo. Aunque es cierto que ambos están soberbios y creíbles, exponentes de dos tipos de juventud y de procedencia cultural.
Belmondo, que en ese momento tenía 27 años, se convertirá en un actor de culto a partir de este momento. Jean Seberg, de 22 años, y que ya había tenido un notable éxito en la versión cinematográfica de la novela de Françoise Sagan, “Bonjour Tristesse”, dirigida por Otto Preminger, iba a desarrollar su carrera en Europa como consecuencia de la notoriedad que con esta película llegó a alcanzar.
Y es que Jean-Luc Godard había sabido concretar en la pantalla un espíritu que empezaba a flotar en el ambiente, en los círculos intelectuales de París, en las mismas calles, en la Universidad, en los ambientes más concienciados de la clase obrera, adelantándose en una década o preparando el terreno a una revuelta social que puso todo patas arriba. Creó un nuevo lenguaje, sintonizó con lo que desde otros lenguajes artísticos se estaba buscando, y se convirtió de este modo en un adelantado. Le debemos mucho a su osadía y a su talento.

 

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Klass (2007)

4 Mayo 2009

 

Película descriptiva

 

Qué terrible es el mundo juvenil cuando aparece de manera destacada esa parte irracional y salvaje, siempre latente, de la violencia gratuita, de los linchamientos organizados. Esos mismos jóvenes, capaces de lo mejor, pueden llevar su crueldad a límites difíciles de precisar, con resultados tan dramáticos como los que en esta película, basada en hechos reales, se nos muestra.

 

Yo creo que el mundo de los adolescentes es una manifestación más del mundo en general. Cada joven al regresar a su casa, se encuentra a los padres que le trajeron a él, incapaces de educarle, atrapados ellos mismos en un contexto que les supera en todos los terrenos y ante el que toman posturas frecuentemente escapistas. Los chicos no vienen con manual de instrucciones, ellos ya fueron un problema para sus padres, y así sucesivamente.

 

La película lo cuenta con imágenes duras, con interpretaciones ajustadas y convincentes, con un guión eficaz. Pocos medios, pero bien utilizados. Me gusta el tono: ni mucho, ni poco. Controla las emociones y no se detiene en el exceso. Describe para que valoremos nosotros. Para que le busquemos soluciones.

 

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Hace mucho que te quiero (2008)

29 Abril 2009

Gran debut

 

De Philippe Claudel había leído su novela “Almas grises” y me había gustado. Ahora me lo encuentro convertido en director de cine y dirigiendo uno de sus propios guiones. Por lo visto es su primera película, y personalmente me parece que pasa con nota el cambio de oficio.

 

Claudel sondea en el interior de una mujer que llevaba recluida quince años por haber asesinado a su hijo de seis. Al final sabemos las razones del crimen, pero antes nos hemos enterado de lo difícil que es salir de la cárcel y reintegrarse en la sociedad. No solo por la sociedad como tal, sino por la diferencia de los cambios que en el interior de las personas ocurren en esa situación con respecto a los demás que se quedan fuera.

 

Le sobra tiempo a la película, tal vez. Pero no le falta de nada: excelentes las interpretaciones de Kristin Scott Thomas, de Elsa Zylberstein y del resto de los actores, pulcritud, buen gusto, contención. Una buena película.

 

Argumento:

 

Una mujer mata a su hijo para evitar el dolor y el sufrimiento que le iba a suponer su incurable enfermedad. Por eso debe cumplir quince años. Cuando sale de la cárcel es acogida por su hermana que desconocía la causa del crimen, y que le ayuda a rehacer su vida.

 

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http://www.youtube.com/watch?v=-_ICdsn3g8M

 
 

 


La vida de los otros (2006)

13 Abril 2009

Conmovedora y rigurosa

 

Yo creo que esta es una de las mejores películas que he visto en mi vida. Como ninguna otra realiza una disección magnífica de la estructura represiva de la antigua RDA, y lo hace, sin embargo, con un lenguaje cinematográfico absolutamente extraordinario. Es interesante de principio a fin, conmovedora y, a la vez, rigurosa en el tratamiento del tema.En “La vida de los otros” asistimos al espectáculo trágico de las delaciones, de la corrupción política, de la esclavitud ideológica. Asistimos al drama moral de una sociedad sin libertad, en donde todos pueden ser sospechosos de traición, y de la represión ideológica más dura. Nos describe un mundo irrespirable, en donde la muerte y, en concreto, el suicidio se convierte en una de las muy escasas posibilidades de escape.
Uno de sus fundamentos es la interpretación de los actores. Todos realizan un trabajo sobresaliente, pero no tengo palabras para calificar el del actor protagonista, Ulrich Mühe, lleno de matices, contenido y a la vez sutilmente expresivo. Este hombre tenía una formación teatral, adquirida, entre otros, junto a Heiner Müller en el Teatro Nacional de Berlín. Por este sensacional trabajo recibió el Premio al mejor actor en los Premios Europeos del Cine. Desgraciadamente murió al poco tiempo aquejado de una enfermedad en el estómago.

Además del trabajo interpretativo encontramos aciertos rotundos en el guión, en la fotografía, en el ritmo narrativo en forma de trhiller, que le dota de un atractivo creciente y que nos lleva en volandas hasta el final. Un final sin concesiones ni ternurismo barato, completamente acorde con el espíritu general de la película.

Esta maravilla es la opera prima de Florian Henckel Donnersmarck, un señor de apenas 34 años y que se ha puesto su propio listón a una altura enorme.

Argumento:

En la Alemania del Este un miembro de la policía secreta vigila estrechamente la vida de un escritor teatral de gran éxito y de su entorno más cercano. Este hombre, escuchando y viendo, termina protegiendo al escritor ocultando incluso las pruebas que le incriminan en un grave delito contra el estado.

 

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http://www.youtube.com/watch?v=9R91nhL3Chk


Dogville (2003)

13 Abril 2009

Implacable disección de los comportamientos

 

Para mí es una de las mejores películas de la historia. Le doy la categoría de obra maestra.Lo es por estas razones:
1. Analiza con una precisión admirable los comportamientos humanos en sociedad. Disecciona con un estilete afilado los perfiles sicológicos en donde nacen esos comportamientos, y las vendas de todo tipo que esas personas se ponen para dejar de ver la realidad, y ellos en ese contexto, o verla deformada de manera subjetiva. Hace buena la frase de Marx que dice: “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser social, sino su ser social es lo que determina su conciencia”.

2. Establece un lenguaje narrativo brillante, que se instala en un punto medio entre el teatro y el cine. Tiene elementos propios de uno y del otro, pero el resultado es un nuevo lenguaje de síntesis.

3. Ese lenguaje nos presenta una película en el que “el distanciamiento” brechtiano es una herramienta constante, no tanto en la interpretación de los actores, sino en la creación de una abstracción a la que el público debe ponerle forma. Obliga así al espectador a un juego inteligente. De participación intelectual, que no abruma en ningún momento.

4. Todo eso lo consigue sin solemnidad. Es decir, la película es interesante, e incluso divertida.

5. Las interpretaciones de todos están absolutamente empastadas formando también una unidad coherente y de una enorme fuerza expresiva, dentro de unos niveles de contención actoral muy propios del “Actor´s Studio”. No es casualidad que, por ejemplo, Ben Gazzara, actor que se formó en esa emblemática escuela teatral de Nueva York, esté presente en el reparto, junto con otros actores americanos y otros europeos.

6. Pero el sobresaliente máximo se lo lleva Nicole Kidman, en un momento de su carrera en el que había decidido aceptar espléndidos guiones. Su trabajo es conmovedor, lleno de matices, con un punto de dramatismo exquisito, exacto, eficazmente hermoso.

7. Porque todo huele bien, incluso el mensaje final, que puede parecer pesimista, pero que, en el fondo, no lo es. La película nos propone un cambio radical de comportamientos sociales. Nos propone una sociedad en donde las personas vean la realidad, su realidad, sin gafas azules que la conviertan en azul.

 

Argumento:

Una muchacha llega a un pueblo pequeño huyendo de alguien. Los habitantes de ese lugar, temerosos de acoger a alguien que no conocen, le imponen unas normas que van creciendo en inmoralidad y brutalidad esclavista. Al final, es ella la que se venga de su mezquindad y de sus miedos.

 

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http://www.youtube.com/watch?v=8rPllm4WEXw


El último tango en París (1972)

13 Abril 2009

 Elogio del presente

 

Fue en su momento para muchos una especie de ventana abierta a una especie de libertad imposible. Ver a María Schneider en una habitación de apartamento decadente parisino hablar con las tetas al aire, como si tal cosa, representó para esos mismos una salida hacia las esencias mismas de la libertad, y para otros un billete hacia el precipicio. No digamos la conocida escena de la mantequilla, o aquella otra en que esta jovencita le introducía dos dedos en el culo al personaje que interpretaba Marlon Brando, mientras éste se despachaba a gusto sobre la opinión que le merecía la familia burguesa.Han pasado los años, y la película sigue ahí, sin duda desprovista de esa ferocidad del principio, porque la vida nos ha demostrado que es más feroz que cualquier película, pero llena de sugerencias, de programas vitales, de estímulos anti sistema.

La pareja Marlon Brando-María Schneider sigue ahí también, brillante y eficaz. Sorprende ver al mítico actor norteamericano, a sus cuarenta y ocho años, en plena madurez y en plena forma, siete años antes de engordar como una vaca y aparecer así en “Apocalypse Now”. Ambos son, siguen siendo, la representación del amor imposible, que durante el tiempo que es posible, es el mejor de los amores posibles. El cruce de trenes vitales y generacionales que ambos representan durante ese tiempo, es un cruce lleno de sugerencias, de incertidumbres, de esperanzas y de miedos. Pero de una plenitud inigualable y magnífica. Para ellos el tiempo se detiene, y en esa habitación con muchos balcones pero sin vistas que comparten casualmente en el centro de París, no importa el pasado, ni el futuro: es el presente, el rabioso presente el que se manifiesta y reina por encima de todos los otros reyes posibles.

La película sigue siendo hermosa y nos muestra el talento como director y guionista de Bernardo Bertolucci. Sigue siendo hermoso el abrigo marrón de Brando, su pelo castaño ensortijado y revuelto por el viento del Sena. Sigue siendo hermoso ese momento en que se baja los pantalones y les enseña el culo a los ortodoxos del tango, porque es lo que hay que hacer siempre ante cualquier fundamentalismo que se precie. Siguen siendo hermosos los rizos de María, sus pechos prominentes. Jean Pierre Léaud sigue actuando mal, rindiendo un eterno, y aquí explícito, homenaje a otro cine que él representa como nadie. Gato Barbieri sigue poniendo el contrapunto musical, con sus notas cálidas, pero estridentes. Y Francis Bacon pone las formas, las aristas, las perspectivas, las luces y las sombras, con la misma contundencia visual de siempre.

Tal vez la película tiene ya algo de polvo, pero no es la rata muerta que acaricia Brando en otra de las memorables escenas. Sin embargo, para los que en 1972 era ya una rata muerta, supongo que lo seguirá siendo.
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