Tras el ensayo (1984). Dir: Ingmar Bergman.

28 Agosto 2010

 

Reflexión desde uno de los lados

 

Una pequeña joya. En poco más de una hora, tres personajes mantienen una relación a caballo entre la realidad y la estilización de esa misma realidad. Personajes que tienen una dudosa entidad y que entre todos conforman un puzzle de afectos y de desdichas compartidas: muertos que regresan, vivos que retroceden en el tiempo, entes que confluyen en un presente incierto.

 

En esa peculiar “sonata de espectros”, como telón de fondo, el sexo, la relación entre los sexos. El director ensaya “El sueño”, de August Strindberg, y mucho del autor sueco pervive entre las viejas tablas del teatro cuando casi todos los actores se marchan a sus casas y tan solo quedan dos: la joven actriz y el experimentado director.

 

Hay mucho también de autobiografía. Bergman es, sin duda, ese experimentado director, lúcido en su soledad, enamorado y víctima del amor, al que las jóvenes actrices siguen perturbando en su caída hacia los territorios de la ausencia definitiva, pero también sus recuerdos y sus tormentas interiores. Bergman/Strindberg en este caso y casi siempre subyugados por el eterno femenino y, al mismo tiempo, encadenados a él como una especie de condena.

 

Reflexión desde lo masculino, con sus excesos, con sus subjetivismos, con sus peligrosos estrabismos, pero cabal, sincera, auténtica, atormentada. Tan noble y necesaria como la que se produce desde el lado… ¿contrario?.

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Nueva York: Ocho años sin World Trade Center

10 Septiembre 2009

 

 

 

Planeo un inminente viaje a Nueva York, una ciudad en la que me encuentro extraordinariamente bien, y me mueve la curiosidad por saber cómo está la zona cero. Mi amiga Eva acaba de regresar de allí y me dice que el agujero sigue siendo eso: un agujero.

 

Recuerdo ese lugar con una infinita tristeza. A los pocos días de uno de mis últimos viajes, cayeron las torres del World Trade Center, y en el siguiente comprobé el vacío inmenso, la irrefutable prueba de la catástrofe. La ciudad aparecía literalmente amputada desde todas sus esquinas. Las torres gemelas eran omnipresentes, y, en consecuencia, su ausencia era una clamorosa evidencia.

 

Leo que las intervenciones urbanísticas que allí se plantean están retrasadas, casi paralizadas en algunos casos, desvirtuados algunos de sus nuevos iconos, como el intercambiador que proyectó Calatrava. Me parece extraño, y, si es así, estamos ante una de las pruebas más incontestables de la crisis.

 

Porque Nueva York es la ciudad que mejor sabe venderse a sí misma y los newyorkinos nacen con un master de marketing bajo el brazo. Es extraño que, observados por todo el mundo, no aceleren y demuestren cuanto antes que son capaces de volver a sorprendernos a todos.

 

La atrocidad que cometió el carnicero fundamentalista Bin Laden hace ahora ocho años –cómo pasa el tiempo- tuvo la dudosa utilidad de devolver a los norteamericanos a la condición de ciudadanos vulnerables, algo que ellos mismos nunca creyeron posible. La crisis del capitalismo les reafirma ahora en esa condición. Los problemas se resolvían con dinero e inversiones, en una especie de permanente huída hacia delante, que, en el fondo, siempre les trajo beneficios colectivos, aunque fuera a costa de sufrimiento.

 

Pero ahora la anestesia de los dólares ya no funciona.

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La muerte de Brian Jones

1 Septiembre 2009

 

¿De verdad van a investigar cuarenta años después las causas de la muerte del guitarrista de los Rolling Stones, Brian Jones?

 

Me extraña, pero no porque lo hagan, sino porque lo hagan ahora. Siempre supimos que ese muchacho, atiborrado de drogas y ahogado en una piscina, había sido asesinado. Hay muertos que huelen a crimen, y con eso debería bastar, aunque no se busque al asesino. En el caso de Jones, su propio asesinato formaba parte de esa leyenda de maldito que siempre le acompañó, a pesar de su angelical rostro.

 

Menuda sorpresa si al final se descubre que simplemente pisó una inoportuna pastilla de jabón y se pegó un tortazo que lo dejo inconsciente, antes de que el agua invadiera sus pulmones. Menuda sorpresa, y vaya desilusión.

 

Pues nada, a investigar.

 

Pero ahora que pienso: ¿no hay en Inglaterra otras cosas más actuales en qué ocupar a los señores de la policía? ¿No hay acaso abusos sexuales a menores, corrupción económica, tráfico de influencias, robos a joyerías, fallos de seguridad en Palacio y  suficientes escándalos como para tener entretenidos a los investigadores para que sea necesario sacar un muerto ilustre para descubrir lo que toda una generación ya supimos en su momento?

 

Me temo que de que lo que se trata, una vez más, es de que los sufridos ingleses miren hacia otro lado.

 

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El Hamlet de Kenneth Branagh (1996)

30 Agosto 2009

Grandeza

 

Pocos textos con una grandeza comparable a la de Hamlet, mitad loco, mitad visionario, mitad víctima, mitad verdugo. Hamlet, paradigma del propio ser humano, con sus excelencias y sus miserias, sus enormes dudas y sus escasas certezas. El genio de Shakespeare se muestra en esta tragedia en todo su esplendor. Recoge un argumento, al que eleva a la categoría de obra maestra de la literatura dramática.

 

Se han hecho multitud de versiones sobre los escenarios. Yo he visto bastantes, y recuerdo con especial cariño la de Patrice Cherau, limpia, conmovedora, en París, y la de José Luis Gómez, en España, no hace mucho años, dentro de los límites de una más que evidente corrección. Ahora en Madrid puede verse la versión de Tomaz Pandur con la sorpresa (relativa) de que ese personaje lo interpreta una actriz, Blanca Portillo, que ya se atreve con todo y sale airosa de todos los retos en los que se mete.

 

En el cine es una referencia obligada la versión de Laurence Olivier de 1948, tan ortodoxa y pedagógica. También es recordable la de Franco Zefirelli de 1990, tal vez demasiado truculenta y comercial, protagonizada por Mel Gibson. Pero a mí me deslumbra la versión que en 1996 hizo Kenneth Branagh, interpretando y dirigiendo una joya, una de las cimas del mejor cine que se atreve con el mejor teatro, y que entre ambos se enaltecen y se potencian.

 

Inteligencia, belleza, sabiduría, eficacia… No hay palabras suficientes para adjetivar esta excelencia que conjuga, sin pervertirla ni edulcorarla, la profunda reflexión filosófica que Shakespeare nos propone, y nos divierte con la parte jocosa y humorística, también consustancial al texto original. Los géneros se diluyen en un todo hermoso y completo: la verdad siempre es tragicómica.

 

Se podría decir tanto… Hablar de los actores, por ejemplo, del recital de talento que nos ofrecen, a veces en pequeñas gotas. Nada menos que Charlton Heston, Jack Lemon, Gerard Depardieu, Robin Williams, y tantos otros, haciendo papeles supuestamente episódicos. No hay papeles pequeños, sino actores pequeños advertía Stanislavski. Homenaje a los actores, a estos y a todos en general, al teatro como espejo veraz de la realidad, como instrumento para azuzar las conciencias.

 

Y, por último, el recital de Branagh como actor. Contenido en el exceso, exacto en el punto cero, intenso y contundente en las estribaciones de lo íntimo. Kate Winslet todavía no era la que ahora es, pero ya le da la réplica amorosa en un amor marcado por lo imposible, por la muerte, la desesperación, la locura y la desgracia.

 

Si tuviera que elegir tres películas en mi vida, ésta sería, sin duda, una de ellas.

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Discreta perfección

11 Junio 2009

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Para mí esta es una canción perfecta. Forma parte desde hace unos años de mi museo personal de la excelencia.

Es una vieja canción de la que se han hecho innumerables versiones. Para mí ésta es la mejor.

Hay algo en ella extrañamente conmovedor.

El video transpira una suave y discreta elegancia popular y, en cierto modo, elitista, con la que me siento muy cómodo.

Entiendo lo que pasa en su interior. Me gustaría haber estado ahí.

Me siento un poco en esa estación de tren. No sé si me voy o me quedo.

Dutronc y Hardy, marido y mujer.


Enfermedad

9 Mayo 2009

La enfermedad, aunque sea, leve, me retrotrae a la infancia. Yo recuerdo mi infancia como un largo periodo de tiempo en el que siempre estuve enfermo, salpicado de cortos momentos en los que no lo estuve. Tal vez sea una exageración, pero esta es mi perspectiva. Por algo será.

Aquellas tardes en la cama… Mi madre trajinaba en la cocina, iba y venia con medicamentos y remedios, y mi padre escuchaba la radio en el modesto salón desde el que se veía la casa de mis tios. Nada de esto queda ya; por no quedar, no quedan ni seres vivos para recordarlo, excepto yo.

Me persiguen los inconfundibles sonidos de la enfermedad. Desde la cama, la percepcion de la realidad era confusa. Escuchaba las conversaciones de los vecinos, los llantos de los bebés, el paso de los coches por la calle María Lostal, el monótono subir y bajar del ascensor. Desde las sábanas intentaba deducir en que piso iba a detener su maquinaria para vomitar a un matrimonio, a una jovencita, a un practicante… Sí, en este caso, era el practicante, con sus temidas inyecciones de penicilina, y el ascensor se paraba justamente en la cuarta planta. La nuestra.

Dionisio entraba sonriente y encoloniado, con su cargamento letal de antibióticos y sus afiladas agujas. Yo tenía que hacer un esfuerzo para seguir creyéndome que no hacían daño cuando penetraban por mi carne atemorizada. En realidad, ése había sido un descubrimiento reciente y todavia no estaba consolidado en mi interior. Ya me lo decía él: “relájate, Paco, que esto no te va a doler…”. Y tenía razón, no dolia.

De momento, claro.

Despues, todos desaparecían. Mi madre, mi padre, Dionisio… A mi me dolía el culo, pero con la oscuridad todo se iba calmando. En aquella cama comenzaba a inventar, a imaginarme en países lejanos, con bellas mujeres que me atendían y me secaban la frente. No hay mejor forma de escapar de las penalidades de la propia enfermedad, que unas buenas décimas de fiebre que actuaban como si fueran un potente narcótico. Ese efecto era balsámico en mi. Me proporcionaba la llave de la libertad, las alas para poder volar y escapar bien lejos de allí.

Aunque el culo me recordaba de vez en cuando la cruda verdad de mi precaria situación.

 

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http://www.youtube.com/watch?v=hoCZ8H0RAsA


Los cuatrocientos golpes (1959)

6 Mayo 2009

 

Una nueva forma de mirar la realidad

 

La estupidez, la ignorancia, la torpeza y el egoísmo de los padres son la causa de la desgracia de los hijos, parece decir Truffaut en esta maravillosa película. La infancia y la juventud aparecen en ella como las víctimas sociales de unos comportamientos culpables de los adultos, viciados en el origen.
En algunos momentos la película nos llega a lo más profundo de nuestro interior. Jean Pierre Léaud está soberbio en su personaje de Antoine Doinel, una especie de alter ego del propio Truffaut, especialmente en ese monólogo que mantiene respondiendo a la sicóloga del correccional a donde ha ido a parar como consecuencia de una serie de errores encadenados. Nunca me gustó de mayor este limitado actor que me parece que siempre se interpreta a sí mismo, gesticulando en exceso, sobreactuando. Aquí, con tan solo quince años, está sencillamente soberbio: controlado, conciso, conmovedor.
La película me parece asombrosa y responde a una nueva concepción del cine y una nueva manera de mirar la realidad. Todo es significante en ella, todo está calculado, medido a la perfección, todos los planos son útiles para transmitir ese mensaje y esa denuncia, y para fotografiar con una hermosura sin límites los rincones de París, una ciudad a la que le faltaban sólo nueve años para que miles de jóvenes se pusieran a buscar el mar y formas de libertad y tolerancia debajo de los adoquines. Todos los actores responden a la perfección al plan general, componiendo un puzzle interpretativo colosal. Esos padres terribles, cada uno en su estilo, quedan plasmados en dos interpretaciones excelentes.
El niño huye finalmente hacia el horizonte después de haber soportado castigos, humillaciones y bofetadas. No lo tendrá fácil. Casi nadie que huye hacia delante termina en buen puerto, pero al menos resistir a la ignominia es una forma de dignidad. Los que se quedan detrás, sin embargo, se ahogarán en sus propios vómitos, en su propia violencia gratuita, en su pobre, culpable y castrante mediocridad.

 

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“Berceuse”

1 Mayo 2009

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Jacques Dutronc significa un pacto. Entre la vieja chançon y el moderno rock and roll. Entre el buen gusto francés de los salones del Hotel Crillon y la modernidad alternativa de los bares de Place de la Republique.

 

Procedente de ese efímero mundo ye-yé, Dutronc deviene gran artista, actor y cantante, músico y poeta. Aquí lo descubrí, o, mejor dicho, lo redescubrí años más tarde, en un tema algo maldito, censurado por supuesta apología del consumo de estupefacientes.

 

La grabación es del Casino de París, en Noviembre de 1992. El título: “Berceuse”. Pocas canciones me gustaron tanto en mi vida.

 


Blogosfera: Javier Ortiz

28 Abril 2009
Javier Ortiz

Javier Ortiz

Este extraño mundo de la blogosfera reserva sorpresas y encuentros inesperados. Leyendo el blog de Paco Piniella, titulado “Desde Cádiz”, llego al de Javier Ortiz en donde este hombre, periodista del diario Publico, escribe su propio obituario.

Es un texto conmovedor, lleno de humor y de una resignada dignidad, ante un hecho que ya parecía y era inevitable.

Merece la pena leerlo.

Y merece la pena leer al mensajero, en este caso a Paco Piniella.


Cinturón rojo (2008)

28 Abril 2009

 

Realismo de hoy

 

Me interesa mucho el mundo interior de David Mamet, un hombre de teatro, guionista y director de cine. Siempre me pareció ver en él un continuador de los Arthur Miller, Tenesse Williams, etc, esa generación que radiografió para el teatro, y desde las claves del realismo, la Norteamérica de mitad del siglo XX, con sus corruptelas, sus inmigrantes y sus conflictos. Ni el país es el mismo, ni los problemas tienen las mismas formas, aunque pueden ser similares.

 

Mamet estudia los comportamientos individuales confrontados con los sociales, e introduce claves propias, obsesiones personales que hacen, en este caso, de su cine, una obra perfectamente distinguible.Le encanta bucear en los bajos fondos, y en el mundo de la suerte, del azar, de los juegos. Le gusta enseñarnos la parte de atrás, el truco del juguete, lo que no ven las cámaras de la televisión, herramienta preferente para contemplar la realidad manipulada. Esto es lo que ocurre en “Cinturón rojo” que no es una película de artes marciales, sino de la verdad oculta debajo de la impostura.

 

Efectivamente el protagonista es un luchador que debe luchar impelido por los problemas que, inesperadamente, irrumpen en su vida. El, honesto y cabal, representa exactamente lo contrario de lo que el negocio de la lucha representa. Y debe vencer para convencer, en primer lugar a sí mismo, y, en segundo lugar, a quien a él le interesa. Nada de efectismos, nada de complacencia, nada de imágenes huecas, propias de un género devorado por millones de idiotas en todo el mundo. Que se vayan al médico inmediatamente los que creen que esta es una película más de señores dando saltos inverosímiles. Aunque supongo que estos se sentirán defraudados a los cinco segundos.

A pesar de eso, la película no solo no es aburrida sino que es extraordinariamente interesante y se ve de un plumazo. Nada de moralina, nada de mensaje facilón. El sentido en su justo término, de la mano de alguien que conoce como nadie los mecanismos internos de un guión bien construido.

 

 

 

Si quieres ver imágenes, pincha aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=iSXH2erAKkc


Emile Friant

24 Abril 2009

 

La Doleur (1898)

La Doleur (1898)

 

Confieso que desde hace muchos años prefiero la pintura abstracta a la figurativa. Esa predilección se remonta a la conmoción que me produjo visitar el museo de Arte Abstracto de Cuenca, y la posterior inquietud que sentí y que me llevó a conocer el MOMA, de Nueva York, o el Museo de Arte Contemporáneo, de París. Todo ese caudal de pintura, de color, de trazos inquietantes, me transformó por dentro, y cambió mi percepción de la realidad.

 

Pero hace unos días conocí a un pintor francés,  nacido a mitad del siglo XIX: Emile Friant. Su obra está expuesta fundamentalmente en el Museo de Bellas Artes, de Nancy, ciudad en la que también está enterrado. El encuentro ocurrió cuando veía la película “Hace mucho que te quiero”, de Phillipe Claudel. Uno de los personajes lleva a otro a ese museo y le muestra “La doleur”, uno de sus cuadros más representativos.

 

 

Me turbaron su sentido de las proporciones, su teatralidad, la elección de los colores. Pero, sobre todo, ese realismo intenso a la hora de presentar las expresiones de las caras.

 

Me quedé entusiasmado, y todavía lo estoy. Sigo prefiriendo la pintura a la que tengo que ponerle yo el argumento, pero me quito el sombrero ante la excelencia. Qué curioso es esto: si no hubiera visto la película, no conocería al pintor. ¡Cuantas cosas debo desconocer todavía!.

 

Si quieres ver imágenes, y escuchar, pincha aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=ecccYS8CshA


La lista (2008)

22 Abril 2009

 

“Deception”, si.

 

Como me suele ocurrir con la mayoría de las películas norteamericanas, ésta me mantuvo atento una hora, y después el guión inefable se encargó de desengancharme con sus estupideces, anacronismos y situaciones absurdas. Una lástima, porque durante el tiempo que duró la relación fue intensa. En ese sentido la película fue sincera: en inglés se llama “Deception”.

 

Todo estaba bien: una trama interesante, tal vez un poco impostada, pero bueno… Yo ponía lo que le falltaba de versosimilitud en pos de una buena convivencia, y ella ponía belleza, riesgo, progresión dramática. De pronto, dio un quiebro: ¿este tipo estaba loco o le habían tendido una trampa? El equívoco duró poco, y, a partir de aquí, desde la certeza de la situación, las cosas se fueron enfriando entre nosotros.

 

Hasta que nos separamos para siempre.

 

Las cosas que suceden el en interior de los ordenadores a mí no me importan. Bastante tengo con comprender el mío como para creerme que el mundo se puede cambiar desde uno en concreto. Y, por último, llega Madrid. Un Madrid de tarjeta postal, sin gente por las calles, en donde a la luz del día se puede matar a una persona y dejar el cuerpo en mitad de un jardín. Ja.

 

Repito: lo de casi siempre. Expectativas no cumplidas: Deception, si. Y repito otra vez: una lástima porque Marcel Langenegger había construido buenas imágenes, Hugh Jackman estaba convincente, las actrices eran hermosas y competentes…

 

Argumento:

 

Un contable es arrastrado a una intensa vida sexual de la mano de un compañero que aparece de pronto en su esfera laboral. En realidad es una trampa que éste le tiende para que haga una estafa informática y de esa manera salvará la vida de una de las chicas. El contable se ha enamorado de ella.

 

Si quieres ver imágenes, pincha aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=cFNqzUbaAdI


Seres desconocidos

21 Abril 2009
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Dejé de dirigir teatro de una forma súbita. Fue una decisión deliberada y de la que no me arrepiento, aunque sé que tiene fecha de caducidad. Pronto volveré.

 

Me sentí libre, pero un poco vacío. Me pasé al bando enemigo: a la gestión cultural. Cuando regrese a la creación me llevaré los planos y los números de la caja fuerte…

 

El vació comencé a llenarlo de varias maneras, pero la más eficaz fue la fotografía. Me compré una cámara digital no demasiado mala y me lancé a hacer fotos. Hice tantas que comencé a sentir la necesidad de mostrarlas. Y apareció YouTube con sus alas protectoras. Comencé a colgar vídeos hechos a través de mis fotos, de personas, de ciudades, de los Beatles, de mi hijo…

 

De entre ellos, me gusta de manera especial este que llamé “Seres desconocidos”. Son fotos que hice en muchos países del mundo con el denominador común de que las personas que salen en ellas no se enteraron, o casi, de que eran objeto de mi mirada.


Bienvenid@s

16 Abril 2009

En Liverpool con Eleanor Rigby (Febrero 2008)

En Liverpool con Eleanor Rigby (Febrero 2008)

 

 

 

Hace unos años viví una magnífica experiencia escribiendo casi a diario en varios blogs que recibieron el nombre de Roberto Zucco. Bajo ese seudónimo, prestado de la obra homónima de Bernard Marie Koltés, firmaba yo, que ahora me presento a cara descubierta.

 

Aquel blog fue fruto de la casualidad. En realidad yo no sabía en lo que me metía el día que escribí el primer post. Lo cierto es que muy pronto decenas de personas se hicieron habituales lectores, y muchos de los cuales comenzaron a dejar sus comentarios con asiduidad. El número y la calidad de los mismos llegó a desconcertarme y, desde luego, a enorgullecerme.

 

Posteriormente lo dejé. Otras actividades profesionales y personales centraron mi atención, y, al mismo tiempo, desapareció la motivación de escribir. Fue una lástima, porque durante casi tres años esta comunicación con seres anónimos en muchos casos, me enriqueció de forma personal, y me obligó a mantener una disciplina intelectual y literaria que me vino estupendamente. Era como si las meninges hicieran gimnasia diaria gratis, sin gran esfuerzo y con resultados satisfactorios.

 

Ahora, como digo, regreso a la blogosfera sin antifaz ni seudónimos, dispuesto a escribir y a leer, a contar y a que me cuenten.

 

Gracias a todos y a todas los que durante el paréntesis me pidieron que volviera a escribir. Va por ellos, y por ustedes.

 

Un regalo:

http://www.youtube.com/watch?v=W5y956PV8no

Otro:

http://www.youtube.com/watch?v=VaqHkyUIyx8